Caracolas en las Nubes

Para un Universo Azul


Esto no es un blog de cuentos pero podría parecerse.

Y, contar, cuenta.


26 de septiembre de 2018

Valeria y la brujita Azul

Ilustración de Robert Dowling

Valeria era una niña como otra cualquiera pero con una imaginación desbordante. Una noche dejó uno de sus dientes de leche bajo la almohada, como había hecho en otras ocasiones, para que el ratoncito le trajera algún regalo a cambio de su diente, pero algo sucedió que el ratón no llegó y el diente ahí quedó. Sin embargo, tuvo un extrañísimo sueño.

Soñó que podía volar y, como un pájaro, se posaba en el saliente de un nido en forma de casita que había en el parque cercano a su casa. Podía entender el canto de todos los pájaros, el cri-cri de los grillos y de las chicharras que hacían chasquear sus alas adorando el calor que hacía, el zumbido de los mosquitos y abejitas revoloteando sobre las flores de trébol y los dientes de león, y hasta el aleteo de las mariposas multicolores, así como los demás ruidos curiosos que los otros animalitos producían. En lo alto del cielo, una luz perlada y otra dorada tornaban su vestido en un bonito rosa iridiscente como su pelo.
¡Era todo tan diferente..., tan espectacular, con unos colores tan distintos!

"The Dream", ilustración de Mab Graves

Al despertar, contenta por todo lo que había visto, se lo contó a su madre con todo lujo de detalles. Ella, divertida por la emoción con la que lo vivía, rió por la ocurrencia de la niña que le confesó querer ser un hada con vestido de princesa y así poder volar con unas enormes y brillantes alas multicolores.

—Si lo deseas con mucha fuerza... igual se hace realidad —le dijo su madre.
—¿De verdad?
—De verdad. ¡Y date prisa! ¡Bébete la leche que vamos a llegar tarde al cole!

Desde entonces, no pasaba un día en el que al irse a la cama, apretando mucho los ojos y deseándolo con mucha fuerza, pedía convertirse en hada. Una de esas, sin saber cómo, la habitación se tornó de un suave tono azul y una especie de humo se coló por debajo de su puerta hasta formarse una figura diminuta que se quedó sobre la mesita de noche. Era una brujita, pero no era como las de los cuentos: Era más mágica. Llevaba un precioso vestido en tonos azulados y plateados, como si la luna se hubiera posado sobre su falda, con un ruiseñor acurrucado en su falda y no tenía capirote ni escoba.

Resultado de imagen de bruja surrealismo
Obra de Remedios Varó

—Y tú, ¿quién eres?
—¿No lo sabes? ¡Si me has estado llamando todas las noches!
—¿Yo?  ¡¡No!!
—Sí, tú. Soy Azul, la bruja de los sueños. Y tú eres Valeria y quieres ser un hada.
—Sí, ¿cómo lo sabes? —preguntó la niña sorprendida.
—Yo lo sé todo de ti, hasta que el ratoncito no vino. Te manda saludos y dice que ya vendrá cuando pueda. ¿Por qué quieres ser un hada? ¿No te gustaría ser una mariposa? ¿Una mosca?
—¡¡Aagggggggg!! Una mosca, no —dijo poniendo aquella cara entre la risa y el asco—. Y no quiero ser una mariposa porque me querrían atrapar. Si soy un hada, no, porque me puedo hacer invisible. Así nadie me cogerá.
—¡Ah, mira tú! Eres lista —sonrió la bruja Azul—. Tienes que hacerme una promesa y cumplirla. Si lo haces bien, te aseguro que serás un hada muy especial, que tendrás unas alas muy poderosas, invisibles incluso para ti, pero que te llevarán tan lejos como imagines.
—Vale. Lo prometo.

Azul, la brujita, hizo magia y, extendió sobre la cama un rollo a modo de largo pergamino, lleno de letras grandes de muchos colores.

—¿Recuerdas lo que siempre le prometes a los Reyes Magos y que te olvidas de cumplir la mitad?
—Sí.
—Es lo mismo pero conmigo no valen trampas. Has de cumplirlo sí o sí o tus alas desaparecerán.
—Lo prometo, brujita Azul. ¡Palabra! —Y juntó los dedos índices formando una cruz que besó sonoramente.

La brujita pronunció unas palabras que Valeria no comprendió y, a continuación, desapareció pero antes, con voz clara y dulce, le dijo:

—Recuerda, serás todo lo que quieras ser siempre y cuando te esfuerces en ello. Los sueños se pueden cumplir.  No olvides que tienes unas alas preciosas y una imaginación eterna: Donde quieras, irás.

Y así, con las palabras de Azul, la brujita, Valeria se quedó de nuevo dormida... ¿o lo había soñado?