Caracolas en las Nubes

Para un Universo Azul


Esto no es un blog de cuentos pero podría parecerse.

Y, contar, cuenta.


13 de enero de 2020

Ajilimójili

¡No me digáis que no tiene su punto esta palabra!
 ¡Ajili-Mójili, ajili Mojili, ajilimójili, ajilimoje! Cualquier versión me sirve. Son todas muy molonas.
La primera vez que apareció esta palabra fue en 1727 y recogida en el diccionario de Terreros y Pando 60 años más tarde. Con la variante ajilmoje aparece mucho antes, allá por 1646.

Ya no entremos en el significado, que debe ser algo similar a picada o salsa de ajo ya que está formada por "ajo" y "moje" que es salsa o pebre que ablanda el alimento y que se usaba para darle gusto a las comidas, o en el uso que podemos hacer de esta palabra para decir que "no falte de nada incluso lo que no haga falta". Cabe decir que al añadirle la terminación -ilis, del latín de los grimorios, encantamientos, ensalmos y oraciones latinas que eran más bien incomprensibles al vulgo y que utilizaban para referirse a cualquier mejunje o unto, se le otorga un enfoque más bien burlesco o despectivo. Vamos, que cualquier cosa vale, lo que no mata, engorda.

Aquellos que seáis de Jaén o de por ahí o, simplemente, os guste el salserío, sabréis que es una salsa vinagreta típica de la zona y muy sabrosa para acompañar carnes o pescados , dándole un toque de parrilla al plato.
Pero aparte de eso, ¿nos os parece una palabra mágica tipo ‘Abracadabra‘?

Os dejo una de sus variantes por si os animáis.

Ingredientes
3 dl de vinagre de sidra.
9 dl de aceite de girasol.
100 g de dientes de ajo pelados, sin el grillón.
Una pizca de sal.

Preparación
Pasar todos los ingredientes por la batidora y el producto resultante se puede guardar en la nevera por días.
Antes de servir el pescado o la carne asados, agitado bien y fuerte el producto para que emulsione en la botella, se le echa un buen chorretón por encima y listo para comer.

Del recetario Les diners de Gala de Salvador Dalí. 1973

5 de enero de 2020

La noche mágica


"Pequeña ratita de biblioteca" de Petra Brown

Había una vez una anciana, doña Ratona, a la que todos llamaban Abuelita. No era presumida pero vestía a la moda y siempre iba muy elegante. Le gustaba el azul y los volantes, y llevaba zapatos de tacón. Recogía su pelo en un moño suelto que se sujetaba a la nuca y lo adornaba siempre con tocados de flores y encajes.
No se sabía qué edad tenía pero sí era muy mayor pues sus cabellos blancos así lo decían y aquellos pasos lentos que daba apoyada en un hermoso bastón encabezado por la figura de un león de plata.

Tenía una gran afición y se veía en su impresionante biblioteca con miles y miles de libros de todos los colores, en cientos de idiomas antiguos, más modernos... Mágicos todos ellos. Leía y leía hasta dejarse el hocico en las letras por eso sabía mil y una historias que contar a los niños que se acercaban a su casa las tardes de los domingos. Preparaba tortas y chocolate. Merendaban y luego disfrutaban todos de aquellas hermosas historias que ella sabía de memoria pero le gustaba mostrar los libros para que los niños sintieran todavía más curiosidad. Incluso a veces cambiaba algo de esas historias para saber si estaban atentos.
Ella se sentaba en un maravilloso sillón de tela floreada y apoyaba los pies en un escabel a juego. Tomaba el libro entre sus manos y observaba con una sonrisa a los niños que se sentaban en el suelo, alrededor de ella, sobre aquella mullida alfombra. Le gustaba observar aquellas miradas vivas, curiosas, brillantes e impacientes y, también, llenas de ingenuidad e ilusión, de esperanza.

—¿Qué historia nos vas a contar hoy, Abuelita? —preguntó Bastián mostrando una especial impaciencia.
—Hoy os contaré una maravillosa historia, llena de magia y fantasía —respondió, y los niños aplaudieron al tiempo que sonreían felices. —Escuchad con atención, niños: Esta historia ocurrió hace cientos de años  en un lugar no muy lejos de aquí donde reinaba una gran señora a la que todos admiraban y alababan pues era muy bondadosa y miraba mucho por su pueblo. Desde entonces, no ha dejado de suceder en cualquier parte del mundo. Se llamaba Baleria. Pero, extrañamente, había una noche al año que ella no era vista por ningún lado. No estaba en sus aposentos, ni en la biblioteca, ni en los jardines... Solo había dos personas más en todo el reino que corrían la misma suerte. Se trataba de Izarak, un joven del pueblo que cuidaba de las ovejas y las cabras, y Serenetebi, una jovencita de piel canela que cantaba las más lindas canciones que nadie pudiera haber escuchado jamás, con su voz tan dulce y especial.

Obra de Josephine Wall

    «Cuando empezaba a caer el día y el sol comenzaba a adormecerse, una especie de niebla cálida iba cubriendo el reino, provocando una sensación de sueño en todos sus habitantes. Baleria, Izarak y Serenetebi sabían que esa noche en la que las estrellas brillaban más que nunca y los pájaros nocturnos cantaban más alto, más alegres, caerían en un profundo y mágico sueño...
—¿Qué soñaban, Abuelita?
—Shh... —siseó llevándose el dedo índice a los labios. Paulina se encogió de hombros, sonrío y guardó silencio para seguir escuchando la historia.
—Veréis, lo más curioso es que ellos creían que dormían y soñaban pero en realidad estaban tocados por la magia. Aquella niebla no era otra cosa que magia, auténtica magia, de la buena, que la Madre Sabia había decidido otorgarles para que aquella noche la gente del reino pudiera ver compensados todos los buenos actos que habían llevado a cabo el resto del año...  Los tres eran encargados de una especial labor, la de dejar la piedra roja del Pensar.
—¿Y las personas malas? —interrumpió Baldeska.
—Aquellas otras personas que no habían obrado bien, que habían hecho algún daño u ofendido a alguien, que no habían contribuido con su trabajo al bienestar de todos y no trataban con respeto a los animales tanto del bosque como a los de sus casas así como a sus vecinos; todas ellas sabían que recibirían un presente diferente. Una pequeña piedra roja. Un regalo que les haría pensar y les ayudaría a actuar de otra forma a fin de que pudieran rectificar sus comportamientos. ¿Vosotros habéis sido buenos? ¿Bastian? ¿Baldeska? ¿Paulina? ¿Sarai? ¿Juanka? ¿Pericote? —Todos afirmaron contentos pero Pericote se quedó callado. Bajó la mirada y jugo con sus manos nervioso. Doña Ratona le miró con ternura y con un gesto, le indicó que se acercará hasta ella—. ¿Crees que no has sido bueno o que podrías haber sido más bueno?
—No lo sé.
—No hay ningún niño malo, Pericote. Todos tenéis flores en el corazón y un alma pura. Solo que algunos sois más traviesos que otros, más inquietos, y muchas veces los mayores os confunden y esperan de vosotros más de lo que sois capaces de comprender. No os dejan ser niños. Tú no eres malo ni te has portado mal. Solo has hecho las cosas de otro modo. Sí, algo diferente y protestando pero lo importante es la nobleza de tu corazón, el respeto con el que tratas a tus mayores y a los otros niños. ¿Te acuerdas cuando este verano cogiste aquel pajarito que había caído de su nido? ¿Quién lo estuvo cuidando, niños?
—¡Él!
—¡Pericote!
—Y se salvó. Lo estuviste alimentando y dando calor hasta que aprendió a volar y dejaste que se fuera con los suyos. Eso es una buena acción. No lo hizo nadie más. Solo tú. —Pericote sonrío y en sus ojos hubo un atisbo de lágrimas. Doña Ratona lo arropó contra su pecho y besó su cabeza. Con una mano llamó a los otros niños que se acercaron a ellos para rodearnos. —Esta noche es esa noche mágica en la que todos recibimos un hermoso regalo: La dicha de poder ser felices, de ser queridos, de tener la capacidad de ayudar a los demás y de mostrarles cuán importantes son para nosotros. Nuestro mejor regalo es la vida. Vivir. No lo olvidéis, niños.
     «Por eso, aquella noche, todos debían dejar sus cajitas, bien de madera, de latón, de barro... en la ventana y mientras dormían se producía la magia. A la mañana siguiente, cuando fueran a abrirlas, aunque parecían estar vacías no era así. Estaban llenas de cosas maravillosas que no se pueden ver con el corazón pero sí sentir desde él: Amor, Amistad, Solidaridad, Alegría...
     «Si en vuestra cajita creéis que no hay nada, mirad por la ventana, más allá de donde vuestros ojos alcancen... y hallaréis el mejor de los regalos. Es por ello, Pericote, niños, que las cajitas que pensamos vacías son las mejores. Significa que todo ha ido bien.

"La bailarina" / 1928 / Joan Miró

Y por eso es que esta mágica noche las estrellas brillan tanto y los niños sonríen más que nunca. Porque sus cajas nunca están vacías. Al menos, eso dice la historia que cuenta doña Ratona.

25 de diciembre de 2019


Desde cualquier lugar.
Desde  cualquier sentido.
Desde cualquier momento...
Para todos...

Con emociones renovadas.
Con deseos soñados... y merecidos.
Con cariño argén
y alegría cerúlea.

¡¡Feliz Navidad!!
¡¡¡Prosperidad para el Nuevo Año!!!


Qamar

11 de enero de 2019

Limerencia

Es una de esas palabras que solemos conocer sin saber que es así, es más, es uno de esos términos que se viven y no se pueden explicar más que aplicando vocablos como tonto, aneblado, apamplado... enamorado..., o bien, "estás en las nubes", "embobamiento", "con el pensamiento en el cielo"... que viene a resumir a grandes rasgos ese conjunto de síntomas aplicables a un enamoramiento pero nos equivocamos porque no solemos ver ese lado negativo y enfermizo. Y es que no hay mejor forma para  defender ese estado involuntario en el que entra nuestra mente cuando estamos atraídos de forma romántica por algo pero, sobre todo, por alguien de sobremanera y nos sentimos eufóricos, como si la vida fuera de color rosa, pero con el agravante de querer ser  imperiosamente correspondidos y de un modo obsesivo y exclusivo.
En fin, algo así como "celos por enamoramiento obsesivo".

No es un término al uso, sino que se trata de un anglicismo. Fue creado como concepto psicológico por la doctora Dorothy Tennov en 1977 "limerence" en inglés aunque al príncipio se había decantado por la utilización de "aromance" pero por sonoridad, decidió la primera. Como tal fue publicado en 1979 en su libro Love and Limerence: The Experience of Being in Love (en español, El amor y la limerencia: La experiencia de estar enamorado).

Ilustración de Nouar | OLDSKULL.NET