Caracolas en las Nubes

24 de abril de 2018

Truismo

Es una palabra de origen inglés "truism", compuesta por "true", verdad, e "ism", mismo, que no un anglicismo, y recogida por la RAE .
Hace referencia a aquello que es verdad en sí mismo, obvio y evidente, notoria y de sobras conocido. Vendría a ser lo mismo que perogrullada solo que decir "truismo" queda como más serio y contundente, más formal.

Y nada tiene que ver con altruismo, evidentemente.

Lovely Girl With Striped Socks - Ana CBStudio


3 de marzo de 2018

Agibílibus

Este vocabulario en su etimología tiene como base “agibĭlis” que en latín quiere decir ingenioso y diestro, proveniente de “agĕre”, hacer o procurar. 
Podríamos decir que viene a ser aquella persona que es hábil, ágil o espabilada, incluso pícara o burlesca, para desenvolverse en la vida a la propia conveniencia. 
Tampoco estaría mal si lo escribiésemos agílibus. Y su plural es la misma palabra.

La verdad es que ni es fácil de recordar ni de aplicar :-)

"Cuando era joven", Bob Doucette

2 de febrero de 2018

Sui géneris

Locución adverbial procedente del latín que significa ‘de su propio género o especie’, y que se usa en español para denotar que aquello a lo que se aplica es de un género o especie muy singular y excepcional —único, sin igual e inclasificable—. Es decir, aquello que se sale de lo ordinario redefiniendo conceptos como raro o peculiar.

El término fue creado por la filosofía escolástica para indicar una idea, una entidad o una realidad que no puede ser incluida en un concepto más amplio, es decir, que se trata de algo único en su tipo.

En la misma línea tenemos rara avis, ‘ave rara’, para denotar que alguien actúa de manera diferente a los otros, que una persona o cosa es distinta al resto de las de su clase.

Obra de Jacek Yerka

9 de enero de 2018

Carola y el Bosque Oscuro

En el antiguo lenguaje de las garzas blancas, su nombre significa  "el secreto de las caracolas rojas". Tal vez por sus ensortijados y rojizos cabellos decidieran llamarla así pero, en realidad, todos la llamaban Carola. 
Su tez blanca tamizada por unas aureolas rosáceas rodeadas de unas graciosas motitas que se extendían por el resto del rostro, sus inmensos ojos celestes... la hacían peculiar, mas sus profundos y largos silencios, su capacidad de observar más allá de lo que los simples mortales pueden hacerlo y tener la sensibilidad suficiente como para conectar con la Naturaleza, la hacían única.

Hablaba el lenguaje de los árboles, de las aves y se entendía con el viento, la lluvia y el sol. Mantenía largas conversaciones con la luna y jugaba al escondite con las nubes, y, cuando se bañaba en las aguas del río, los peces e insectos que en ellas vivían acariciaban su piel como si reclamarán su atención, contentos de saberla ahí. Tenía un aura especial. Y los habitantes del bosque lo sabían por eso la custodiaban como ángeles guardianes.

No era un hada, pues carecía de alas de mariposa a su espalda. No era una dríada pues no tenía orejas puntiagudas y era mucho más alta que ellos. Tampoco una ninfa pues, curiosamente, no sabía nadar por más que habían intentado enseñarle. Se agarraba a los lomos de los peces más grandes y recorría la transparencia de las charcas, lagos y ríos. Ni se trataba de una noma pues las setas se le quedaban a la altura de los tobillos.

Ilustración digital obtenida de la red
Se hacía acompañar por un curioso ser, una especie de pequeña águila de plumaje blanquiazul, como un cielo adornado de cirros de algodón, cuyo canto recordaba al de las sirenas del mar, con sonidos tan agudos en ocasiones que temblaban hasta las hojas de los árboles y sus raíces tiritaban como en el más crudo de los inviernos. Su nombre era impronunciable por los humanos e, incluso, por algunos de los habitantes del Bosque. Así que cada pueblo le daba un nombre distinto. Carola lo llamaba Pi aunque la conexión entre ambas era tal que se comunicaban a través de la mente.



Juntas recorrían el bosque de un lado a otro pero tenían una zona prohibida. Una zona donde reinaba la oscuridad y donde unos seres tenebrosos, llenos de maldad, reinaban a sus anchas aunque bajo el mandado de un Emperador de negro corazón y alma llena de resentimiento.

Fotografía hallada en la red

Por eso, al caer la tarde, cuando el sol se escondía y coincidía el novilunio, los habitantes del Bosque de la Luz, se refugiaban en secretos escondites hasta que amaneciera y se disipara el peligro oscuro. Y siempre, siempre ocurría algo... ahí, en el Bosque Oscuro o, el Bosque de los Árboles sin Hojas como también era conocido desde el otro lado. Aguas estancadas y negras, ciénagas, una perenne niebla que se movía a ras de suelo o se elevaba creando un paraguas frío e inquietante bajo el que se refugiaban entes tan horripilantes que describirlos era imposible. Ni los orcos ni los trolls les podían hacer sombra... pero eso ya es otra historia...