Más allá de lo evidente, donde los nocuentos y
las deshistorias tejen su refugio, nace mi Universo Azul.

Un latido propio donde la imaginación navega en caracolas aladas
y la fantasía se desliza, suave, entre la realidad y los sueños.

Un lugar para quedarse a vivir, un secreto entre las nubes.
Un pequeño refugio para quienes aún saben soñar.

23 de abril de 2023

La magia de los libros

La abuela tenía cientos de libros en su vieja biblioteca. Libros de todos los colores, en diferentes idiomas y, la mayoría, muy antiguos. Tesa había crecido entre ellos. Cada verano que pasaba con la abuela, esta le recomendaba uno de aquellos libros y juntas, lo leían.
Pero la abuela jamás le habló de ese libro. No era un libro cualquiera, era un libro mágico, por lo que Tesa lo descubriría en el momento adecuado.
Aquel libro había sido creado, que no escrito, hacía mucho tiempo por un gran maestro de la magia y, desde entonces, había pertenecido a la familia.

Ilustración freepik

Aquel día, la abuela tenía visita y Tesa, que no debía estar entre los mayores, fue invitada a irse a la biblioteca, lo cual no era un castigo, sino una aventura maravillosa. 
Se quedaba en el centro de la sala cuyas paredes eran estanterías y estanterías repletas de libros, con una escalera de caracol que llevaba a varios pisos y, en cada una de ellos, unas escaleras correderas para poder alcanzar los libros. A veces se paraba a ver brillar los cristales de la lámpara de araña que colgaba del techo. Era otra aventura más, un lago de mil arcoíris. Decidirse por qué lado de la biblioteca ir, tampoco era para no tomarlo en serio. Solo sabía que no podía visitar una parte, aquella que estaba tras la puerta y cuya llave desconocía dónde estaba, pero recordó un cuento que su abuela le había contado y, ella, que era muy perspicaz, cayó en la cuenta de que aquella historia no era más que la clave para hallar la llave.
Y la encontró. Abrió la puerta y en esa especial habitación no había más que una silla, una mesa y sobre esta, un libro cerrado e iluminado, en aquel momento, por los rayos del sol de media tarde. 

«¿Qué clase de libro es para estar tan protegido?», se preguntó Tesa. «¿Será un libro mágico? ¿Un libro de monstruos? ¿Un libro con poderes?  ¡Bah, esto no puede ser!», pero al abrirlo pudo darse cuenta de su error. Al primer toque de las páginas, Tesa sintió una extraña energía recorrer todo su cuerpo. Cuando por fin pudo abrir los ojos, se dio cuenta de que estaban todas en blanco, aunque fueran de un viejo tono sepia y de un papel cuya textura jamás había tocado. 

Ilustración freepik

Entonces se percató de que en la parte superior del libro, en un pequeño canal de la mesa, había un lápiz sin mina. Buscó algo con lo que poder hacerle punta, pero no halló nada. No supo por qué, pero decidió hacer una raya en aquella página. Misteriosamente, se dibujó una. El lápiz también era mágico. «¿Esto puede ser?», se dijo con asombro. Decidió escribir una historia en la que ella sería la protagonista, aunque al principio dudara un poco.
Escribió sobre aventuras increíbles, paisajes maravillosos en los que su imaginación parecía no tener límite; personajes que cobraban vida en cada trazo. Todo cuanto escribía se hacía realidad en un mundo al que ella llegaba sin saber cómo. 

Su abuela se dio cuenta de que Tesa gustaba cada vez más de ir a la biblioteca y que incluso lo hacía cuando debía estar durmiendo. No tenía dudas. Había descubierto el libro y con él, su poder y su magia. Sin embargo, no le dijo nada, y dejó que siguiera visitando la biblioteca porque, con el tiempo, descubría su verdadero secreto.

Tesa advirtió que cada vez que lo usaba, el libro perdía un poco de esa magia. No sabía por qué, pero comprendió que debía utilizarlo con moderación, aunque la tentación de crear historias era demasiado grande. Poco a poco, el libro fue perdiendo sus poderes y llegó el día en que no fue capaz de conceder deseos. 

«¿Qué debo hacer?», se preguntaba una y otra vez. «Tal vez debiera decírselo a la abuela». Esta solo le dijo que el libro debía descansar. Y fue lo que hizo. Al tiempo comprendió que no se trataba del poder del libro, sino de su imaginación y creatividad porque no necesitaba de él para vivir aventuras increíbles, que cualquier lápiz escribía y que era capaz de escribir páginas y páginas.

El libro mágico quedó en la biblioteca, guardado tras la puerta y acariciado por el sol de la tarde, a la espera de que alguien más lo descubriera y aprendiera la lección que ella había aprendido.
Aquel libro le había cambiado la vida porque había conocido el maravilloso mundo que reinaba en su interior y que le había convertido en una estupenda escritora de fantásticas e increíbles historias.


Para reflexionar sobre el poder que tienen los libros para transformar nuestras vidas. Tesa es cualquiera de nosotros, que hemos descubierto la magia de las letras y cómo estas han podido cambiar nuestro mundo para siempre.


En el Bosque Imaginado también se celebra el Día del Libro.

14 de abril de 2023

Aurora

Aurora, un hada tan inquieta como curiosa, usaba dados para predecir el futuro, o eso creía ella. Un día, un tremendo estropicio alertó a los habitantes del bosque, quienes acudieron para saber qué pasaba. Atónitos, asustados, a-todo, vieron dos extraños seres en un no menos raro capazo colgado de un globo, liado entre los árboles. Contaron que venían de otros mundos. 
Aurora, fascinada por sus asombrosas historias, decidió acompañarles. Echó los dados al aire, pero una ráfaga de viento los elevó lejos.
Tu destino no viene en los dados, sino de ti misma, le dijo uno de los pasajeros.

(100 palabras)

Ilustración de Luci Campbell


Dado de astrología
"Escribir Jugando" es un reto mensual de escritura creativa. Lo organiza la escritora Lidia Castro Navas desde su blog y consiste en microrrelatos o poesías con límite de 100 palabras inspirándonos en una carta propuesta y el dado que la acompaña.


Reto opcional:  Que aparezca en la historia algo relacionado con el globo aerostático: inventor, año de creación o el propio invento.

21 de marzo de 2023

El guardián


Había una vez un hermoso bosque lleno de árboles altos y verdes. Todos los animales del bosque vivían felices y en armonía, pero faltaba algo. 
Un día, un pequeño zorro llamado Max se aventuró a salir solo de su madriguera. Sus hermanos le recordaban que no debía alejarse de casa cuando mamá no estaba, pero él, astuto e inquieto, valiente como pocos, quería explorar un poco más allá, quería descubrir el bosque. Desoyendo a sus hermanos, se fue alejando y sintiéndose pequeño entre aquellos gigantes que mecían suavemente sus enormes brazos de un lado a otro, dejando pasar el sol que le acariciaba los bigotes y hacía resplandecer el rojo de su pelaje. Pero lejos de amedrentarse, Max se sentía orgulloso, caminaba con seguridad y siempre atento a lo que le rodeaba, mas era todo tan nuevo, tan espectacular, tan llamativo que le costaba abarcarlo con sus inexpertos sentidos. Era una experiencia inexplicable.

Imagen pixabay

Llegó hasta el riachuelo donde el agua saltaba alegre por encima de las piedras. Ahí vio por primera vez una rana que, tranquilamente, tomaba el sol. Max miró a su alrededor, experimentó una enorme calma. Se sentía muy feliz. Se acordó de sus hermanos y pensó en cuánto les gustaría aquello. Pensó también en la reprimenda que le daría su madre por desobedecer, pero bien merecía la pena la aventura. Estaba descubriendo el bosque; era algo mágico, como mágico era aquello con lo que, de repente, se topó entre las hojas que cubrían el suelo. Era un pequeño libro de poemas, de versos sueltos, que alguien había olvidado. Nunca había visto algo así antes —en realidad, su mundo se reducía a la madriguera y unos pocos metros alrededor—, así que decidió llevárselo consigo y mostrarlo a sus hermanos que, preocupados, aguardaban su llegada. 

—¿Qué es, hermano?
—No lo sé, pero es muy bonito —respondió Max intentando contener la emoción. 

Apenas sabía leer por lo que desconocía qué significaban todas aquellas palabras juntas. No quedaba otra que esperar a mamá para que les explicara qué era aquello que Max había encontrado. 
Primero vino la reprimenda, luego la alegría de saber que todos estaban bien y, después, el descubrimiento de la magia.

—¿Qué es, mamá?
—Es un libro de poemas. 
—¿Qué es un libro?
—¿Y qué son los poemas?
—La poesía es como un juego con las palabras, donde las palabras se combinan para crear imágenes y sonidos hermosos. Es como una canción, pero en lugar de ser cantada, se lee en voz alta como si fuera música. La poesía puede hacer que sintamos cosas diferentes y nos haga pensar en cosas de manera diferente también. La poesía es poner nombre a los sentimientos y a las emociones —intentó explicar mamá, pero sus hijos la miraban sin entender nada. 

Entonces comprendió que lo mejor sería leerles uno de aquellos poemas y evitarse preguntas que no sabría responder de forma sencilla para que comprendieran—. ¿Os gustaría que os leyera un poema? —preguntó, aun a sabiendas de que eran poemas complicados para ellos.

Imagen de la red

Los tres cachorros, atónitos y curiosos, asintieron. Se sentaron frente a su madre, y mamá sonrió.

El hada más hermosa ha sonreído
al ver la lumbre de una estrella pálida,
que en hilo suave, blanco y silencioso
se enrosca al huso de su rubia hermana.

Y vuelve a sonreír porque en su rueca
el hilo de los campos se enmaraña.
Tras la tenue cortina de la alcoba
está el jardín envuelto en luz dorada.

La cuna, casi en sombra. El niño duerme.
Dos hadas laboriosas lo acompañan,
hilando de los sueños los sutiles
copos en ruecas de marfil y plata.
[Los sueños de Antonio Machado]


—No he entendido nada, mamá —dijo Zio.
—¡Habla de una princesa! —continuó Tom.

Mamá guardó silencio y observó a Max que parecía absorto, paseando por los confines de sus pensamientos.

—¡Max! —musitó mamá. 
—Habla de los sueños, mamá; de esos sueños que nacen aquí adentro —prosiguió, llevándose la patita derecha hacia el corazón—, pero más abajo aún, más adentro... —Y suspiró, tan profundamente que un puñado de hojas cayeron sobre él como lluvia fina de primavera.

El pequeño Max había sentido la poesía, la melancolía y la ilusión que el poeta había plasmado en sus palabras. Aquel momento fue mágico y él quería compartirlo con los demás; así que reunió a todos los animales del bosque en un claro y les mostró el libro. Los más sabios asintieron con orgullo por la emoción que Max transmitía; los más jóvenes, unos no mostraron un especial interés y otros, experimentaron la misma ilusión y curiosidad que Max, quien se convirtió en el guardián de ese libro. 
Se esforzó en aprender a leer y así, cada día, al atardecer, leía un poema para que los animales del bosque pudieran disfrutar de la poesía. Cada vez que leía un poema, el bosque se llenaba de alegría y concordia; de poesía. 

Imagen de la red

¡¡Feliz día de los bosques y la poesía!!

Gracias por compartir este día.


21 de febrero de 2023

Escribir


Y para ti ¿qué es escribir?
¿Algo mágico?, ¿un reto que solventar con paciencia?
¿Un impulso de destripar los enigmas que se esconden entre tus pensamientos?
¿Una necesidad implícita de liberación?
¿Un devenir de las letras en un tiempo imperfecto?

Si te apetece responderme, estaré encantada de leerte y agradecida por poder compartir un instante contigo en este Universo Azul.


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