Más que harto estaba Perico, el gato, de la vanidad de Bartolo, el pavo; y cansado el pavo de la parsimonia del gato. Se soportaban por pura rutina y porque, en realidad, no podían estar el uno sin el otro aunque eso, ninguno de los dos sería capaz de reconocerlo alguna vez.
- Ojalá fueras yo para saber lo pesado que resultas y lo insoportable que eres con esa vanidad tuya y ese chillido de gato al que le han pisado la cola. ¡¡Resultas ridículo!!
Decía el gato con cierto retintín levantando la cola y andando con altanería.
- Ojalá fueras yo para que supieras lo agotador que es aguantarte todo el santo día y, así, te dieras cuenta de que la vida no es solo comer y dormir.
Decía el pavo sacando pecho para luego abrir el hermoso abanico de su cola.
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| "Pavo real", obra de Almudena López Olego |
Pero quien en realidad estaba agotada de escuchar la misma música todos los días, de tener que intermediar entre ambos, era la hechicera Macaria. La tenían agotada así que pensó en una solución.
Los reunió a los dos bajo el limonero, a media tarde.
- Estoy cansada de vosotros. Sois unos egoístas que solo pensáis en vosotros mismos, unos egocéntricos porque pensáis que el mundo gira entorno a los dos... pero, ¿sabéis que os digo? Que estoy harta y esto se va a acabar. He tomado una determinación.
- No es para tanto -protestó el pavo.- En el fondo nos apreciamos.
- Muy en el fondo pero, es verdad, no es para tanto. ¿Y qué has pensado, maga? -preguntó el gato con su habitual curiosidad.
-Lo sabréis a su debido momento. De inicio, quiero que estéis esta media noche en la orilla derecha del estanque, ahí, bajo el sauce llorón.
- ¿Y después? -preguntó el gato.
- ¿Después? Esperaréis el tiempo que sea necesario hasta que yo aparezca.
- ¿Y luego?
- ¿Quieres callarte de una vez? -inquirió el pavo.
- Os lo repito. Sed puntuales. A media noche bajo el sauce llorón -recordó la hechicera antes de desaparecer ante sus ojos.
Se miraron el uno al otro. El gato bufó al pavo, y este hizo ademán de picarle. Luego, cada uno se dio la vuelta y caminaron en direcciones contrarias.
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| Gato azul. Imagen de la red. |
- ¿Iremos juntos? -preguntó el gato Perico, deteniéndose un momento para mirar al pavo.
- ¿Te vas a perder?
- No, pero ya que vamos...
- Te espero aquí un rato antes... y no te esperaré si llegas tarde -respondió el pavo Bartolo, antes de lanzar uno de aquellos trompeteos que se clavaban como puñales en los oídos.
Poco antes de media noche, el pavo esperaba con cierta impaciencia al gato. No le apetecía ir solo hasta el estanque. Perico apareció poco después atravesando el jardín en una carrera. Bartolo le recriminó la inexistente tardanza, pues no habían quedado a ninguna hora pero su sino era el incordiarse el uno al otro, y cualquier excusa era buena si producía el efecto esperado.
Los dos se encaminaron hacia el lugar citado. Un hermosa media luna lucía en medio el cielo, de un bello y especial azul oscuro, con mil estrellas salpicándolo... Aguardaron pacientemente bajo el sauce. Extrañamente, estaban callados. Bartolo, recostado sobre sus patas. Perico, sentado sobre sus cuartos traseros. Ambos pendientes de cada uno de los sonidos que les rodeaban: el croar de las ranas, el canto de unas chicharras que parecían evocar a la lluvia, y de las ramas del sauce que suavemente se mecían con el ligero viento que se había levantado, calmando el calor de esa noche.
Pasaban las horas y la hechicera Macaria no aparecía. Ambos se durmieron y tuvieron extraños sueños en los que se sentían un poco desubicados, como si uno fuera el otro pero no lo terminaran de ver. Bartolo sentía esa extraña acción de rascarse y lamerse... Perico, que subía a los árboles de forma diferente, que no trepaba y que ya no se estiraba las uñas en el tronco. Con ese desasosiego, despertaron pero aquella magia no era como se esperaba.
Perico tenía dos pensamientos: El suyo propio y su otro "yo".
No había Bartolo... Era un pavo diferente, con instintos distintos.
Una fuerza o una energía les hizo acercarse hasta la orilla del estanque. En el espejo de aquel agua cristalina se vieron. Quedaron impresionados.
Bartolo estaba en Perico...Perico, en Bartolo.
Eran dos seres en uno, dos personalidades mágicamente unidas para, irremediablemente, entenderse; y debían aprender a ser el otro sin dejar de ser uno mismo...
¿Hasta cuándo? Hasta que lo comprendieran.
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| Hybrid Peacock Cat de Michelle Spalding |