Aquella noche, el bosque no hizo ruido.
Ni una rama, ni un insecto, ni el más leve crujido.
Caminé pensando que estaba sola
hasta que algo, desde dentro de mí,
susurró:
—Por fin has llegado.
No supe si detenerme o seguir.
El aire aguardaba. El camino también.
Entonces comprendí que no era el bosque quien había callado.
Era yo quien, por primera vez, había dejado de hacer ruido por dentro.
Y en ese silencio —nuevo, intacto—
algo empezó a nombrarme sin palabras.
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| Mujer caminando por un sendero forestal 1883 / Vasily Polenov |

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