31 de diciembre de 2025

Aquella que surge de las sombras

Un eco olvidado bajo siglos de silencio.
Su nombre borrado, su voz negada.
Pero al fin habló.
Y todo lo que el mundo quiso acallar… respondió con un temblor.
Hoy no hay silencio que no tiemble.

De las grietas del tiempo brotó una luz temblorosa, un hálito que despertó a los que dormían sin memoria. Los muros callados comenzaron a murmurar sus verdades, y en cada rincón, el viento habló de secretos antes lacrados.

Las almas abrieron sus alas como mariposas nocturnas al albor de una pequeña esperanza. Los pasos quedos, callados, golpearon el suelo como esquirlas de piedra. El aire se cargó de un suspiro antiguo, ancestral, perpetuo… como un susurro que rompía aquel hechizo venerado del olvido.

Entre sombras como velas titilantes, una figura emergió, 
de la nada… o del todo,
portando en sus manos el eco de un pacto sellado.
Y ahí, entre la espesa penumbra, los muros se abrieron de lamentos. La figura, como humo de incienso, parecía ser testigo de una danza de tiempos que resonaban en la piel del aire, desvelando memorias que permanecían dormidas. Cada lamento, cada suspiro, era un puente entre lo que fue y lo que aún no se atrevía a nacer.

Aquella que surge de las sombras avanzaba sin tocar el suelo, dejando tras de sí un rastro de cenizas doradas, mientras el tiempo se deshacía en fragmentos de eternidad suspendida.

The ghost lady in the autumn grass / Imagen creada con Midjourney AI

7 de noviembre de 2025

Espectral

Es en el umbral de la noche, 
cuando el alba se retuerce, 
que ella, 
encadenada a su mágica maldición, 
se eleva de entre la tierra. 
Su voz, eco de muerte no vencida, 
despierta los nombres olvidados. 
No clama venganza, 
sino justicia; 
esa que ni vivos ni muertos osan ya pronunciar. 
 Y, entonces, solo entonces, 
tan solo el silencio se atreve a mirarla.

Arte digital de Anna Dittman

Poema seleccionado por Editorial Diversidad Literaria en el concurso «El umbral de las tinieblas» para su Antología Poética.
30/10/25

16 de julio de 2025

La que no olvida

Calcedonia no nació, sino que fue invocada cuando alguien quebró un juramento bajo el jacaranda florido. Aparece en los claros de luna, vestida con brumas violetas y la mirada de quien lo recuerda todo.
Camina entre raíces y silencios, con una piedra en la mano y antiguos nombres en la boca.

No grita, no acusa. Solo deja su ofrenda en el umbral del culpable.

Quien la ignora, desaparece.
Quien la guarda, arrastra el peso de lo que hizo.
Implacable su letanía, donde termina el silencio.

Por miedo al eco de sus pasos… ya nadie promete lo que no puede sostener.


(100 palabras)

Vía Pinterest



Calcedonia
"Escribir Jugando" es un reto mensual de escritura creativa. Lo organiza la escritora Lidia Castro Navas desde su blog y consiste en microrrelatos o poesías con límite de 100 palabras inspirándonos en una carta propuesta y el dado o imagen que la acompaña.

Reto opcional:  Que aparezca algo relacionado con la jacaranda o flor de Australia.

20 de abril de 2025

La vereda del espejo

Caminaba sola, como tantas veces, por la vereda vieja del carrascal. El polvo hablaba en sus botas, y el viento —amigo de otros tiempos— le traía canciones que ya no recordaba. El cielo, gastado de azul y de pájaros, parecía mirarla sin prisa. Cuatro cabras, media docena de ovejas. La seguían como la habían seguido siempre: pausadamente, con el deleite de saberse seguras, en terrero y en estima.
Fue entonces cuando lo vio: en mitad del sendero, un espejo. No tenía marco, ni cristal, ni cuerpo que lo sostuviera. Solo reflejo. 
Se acercó con la calma de quien ha visto cosas imposibles en sueños, y se asomó. No era su rostro el que aparecía, sino el de una niña de ojos de almendra y capa de estrellas. Una niña que sonreía con la dulzura intacta de lo que no ha sido roto. 
Alzó la mano, y la niña hizo lo mismo. 
Pero aquel gesto no fue reflejo: fue saludo. Siguió andando. El espejo, como la infancia, se disolvió en el aire. Solo quedó un susurro entre las ramas de los olivos: «Aún puedes soñar».

Campesina con cabra / 1881 / Camille Pisarro  


↓↓↓ Notas de interés a pie de página ↓↓↓

De mis viajes en caracola...