En los confines de este lugar mágico, los nocuentos y las deshistorias encuentran su morada. Aquí nace mi Universo Azul: un espacio donde la imaginación navega en caracolas aladas y la fantasía se cuela, suave, entre la realidad y los sueños.
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21 de septiembre de 2022

Garrampas, Ratón y el mar

Maggie Rudy

Ratón había apoyado la cabeza en la almohada. Empezó a soñar despierto. Imaginó un arrecife de mil corales y maravillosas aguas turquesas bajo un hermoso cielo estrellado. Podía escuchar cómo las olas cantaban acompasadas y ver cómo besaban la orilla pausadamente, arrastrando pequeñas caracolas que se adormecían a la luz de Qamar, arremolinándose en sus patitas. Suspiró mientras intentaba no dormirse. Pensó en Garrampas, su preciosa ratita, y una sonrisa se esbozó entorno a sus bigotillos. Su silueta pareció dibujarse cerca de las palmeras. Pensó que se iba a bañar en la calidez de aquellas aguas pero no, se dedicó a caminar. O, más bien, a bailar. Lo hacía contenta, entonando una simpática canción que era delicia para los oídos de Ratón. De pronto, ella se giró y sus miradas se encontraron. Sus bocas sonrieron y ambos salieron corriendo al encuentro del otro, fundiéndose en un dulce y denso abrazo. 

Un intenso olor a estofado se coló por su nariz. ¿Qué estaba pasando? Aquel aroma lo apartó de su ensoñación y le entraron unas tremendas ganas de comer. Intentó no sentirse dominado por aquella sensación. Quería seguir soñando con los ojos abiertos. ¡Imposible! El estómago era más fuerte que la cabeza. Se levantó casi de un salto de su cama, y al abrir la nevera vio todavía un trozo de la corona de mazapán. Sin etiqueta alguna, agarró un pedazo y se lo trapiñó como si no hubiera mañana. A la velocidad de un rayo regresó a la cama y se acurrucó entre las sábanas. Cerró los ojos y los apretó con fuerza, ansiando recuperar su sueño. Le habían dicho alguna vez que pensar mucho en algo podría favorecer que se llegara a hacer realidad y él lo deseaba con todas sus fuerzas. Pero sabía que tendría que hacer algo más que ponerse a soñar. En algún momento, se quedó dormido y su sueño del mar se disipó como la noche. 

La luna / Paula Belle Flores

Qamar, que de sueños cumplidos sabía tanto como de los incumplidos, citó a Ratón a la orilla de la laguna Aguaviva, en pleno corazón del Bosque Imaginado. La excusa era la despedida pues, como cada mes, ella se recluía para irse a otra parte del Universo y descansar. Ya se atisbaban sus velos negros, aquellos que la hacían invisible. A ambos les unía un vínculo muy especial, una pulsión entre el romanticismo y la admiración. Empezaron hablando de sus cosas pero Ratón parecía ausente, como que no terminaba de mostrar interés por hablar. Qamar sabía qué le ocurría. Entre sus pensamientos siempre rondaba, de algún modo, aquella ratona, bonita como ella sola. Guardó silencio y sonrió. También se había dado cuenta de que la sirena de la laguna, Atabalar, los observaba de entre las suaves ondulaciones que la brisa provocaba sobre el agua. Ella también conocía de amores raros, de amores curiosos, de amores callados y ocultos, de amores prohibidos pues estaba enamorada de un besugo, literal y no literalmente, que le hacía el mismo caso que una pared pero ahí andaba, suspirando en la esperanza. Nadó hasta Qamar y Ratón. Antes de tocar la orilla de la playa, hizo una serie de saltos para llamar su atención. Ratón reaccionó tres más allá y eso que las acrobacias de Atabalar eran realmente espectaculares. 

La sirena / Christian Schloe

—Bienvenida, Atabalar. ¿Cómo estás? —le dijo Qamar. 
—Bien. Os estaba mirando y creo que sé cómo podemos solucionar esta inopia de Ratón—sonrió. Ratón la observó entornando la mirada. 
—¿De qué hablas? ¡Yo no estoy en la inopia! —protestó. 
 —¡¡¡Nooooo!!! —exclamaron al unísono la luna y la sirena. 

Así que Atabalar les contó con todo lujo de detalles cómo era su vida en el mar antes de decidir vivir en la laguna del Bosque Imaginado. Lo contó tan bien que a Ratón le entraron ganas de conocerlo. Había viajado mucho por el mundo antes de instalarse en la ciudad pero siempre había sido lejos del mar, menos una vez que se embarcó mas lo pasó tan mal con los mareos que desembarcó a la primera ocasión que tuvo. No volvió más, pero Atabalar le había dado otra imagen. 

–Buena idea –dijo Qamar que también sabía de mar pese a no ser marinera–. Garrampas nunca ha visto el mar. ¿Por qué no la invitas? 

Y así fue cómo Ratón empezó de nuevo a soñar despierto. Se puso nervioso porque no sabía si su ratita le diría que sí. Pero, ¡oh, sorpresa! Dos días después de la charla recibió un mensaje a través del ordenador cuántico de Qamar. 

    «Mi querido, Ratón. 
   «Te escribo para saber cómo estás y contarte que yo estoy bien en el bosque aunque te extraño mucho y tengo ganas de verte. Aún queda mucho para la fiesta de otoño a pesar de que el verano se está acabando. Sé que siempre andas muy ocupado pero esta noche he soñado con el mar. ¿Sabes?, yo no conozco el mar y me gustaría verlo de verdad. Las postales que tengo son muy bonitas pero…».

No había dudas. Ambos habían tenido el mismo sueño aquella noche. Quizá la sirena les había inducido a ello con sus hipnóticos cantos o, tal vez, la magia de Qamar desde su refugio. 

    «…Ya sabes, Garrampitas, que siempre iré donde tú quieras». 

Decidido el viaje, comenzaron los preparativos. Parecía que el reloj no corría nada y que los días no pasaban. 
La maleta de Garrampas era el doble que la del ratoncito, pero a él no le importó. Preparó el coche para llevar todos los bártulos y emprendieron viaje. 

Fotografía de Ellen van Deelen

Con las indicaciones de la sirena caminaron seguros. Además, por el camino iban a encontrar amigos que les facilitarían el viaje. En un par de días llegaron a un bonito puerto donde el besugo no enamorado les aguardaba con una amiga muy particular que los llevaría hasta aquella maravillosa isla en forma de media luna. Ahí, un precioso bosque de palmeras marcaba la arena de una blanca playa a la que besaba un tranquilo mar de tonos azul turquesa. 

Playa de Montroing / 1916 / Juan Miró

No podría haber mejor entorno para lo que ocurriría después. La particular amiga del besugo se aseguró de que estaban bien y partió hacia alguna parte dejando ver su aleta cortando el mar. Al anochecer, después de cenar, acomodados cerca de la pequeña hoguera que Ratón había preparado, miraron hacia arriba, hacia el cielo, y vieron a Qamar, la lunita del Bosque Imaginado y la lunita del corazón de Ratón, que empezaba a vestirse con sus velos blancos y platas. Ahora sí que se sentían tranquilos. Y así se quedaron dormidos, bajo el auspicio de una luna naciente y de un amor floreciente. ¿Para qué más detalles? Ya se sabe: sonrisas, piel con piel y el tiempo como un reloj que se para… 

Fotografía de  Jessica Florence

Bueno, todo se hizo realidad salvo lo del estofado... La fresquera del coche no daba para tanto.


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Este nocuento (1132 palabras) parte como presentación a un reto  de escritura creativa organizado por Letrarium, plataforma de literatura para difusión de artes, letras y autores. Se parte de un ideario, un juego de dados formados por palabras encauzados desde diferentes temáticas para dar los primeros pasos imaginativos.

Lo hemos escrito entre Ratón-er (picando en su nombre, podéis leer la versión corta y la que se presentó por falta de tiempo) y yo. Un poco de aquí y un poco de allá. Si salimos elegidos, apareceremos en un libro.

Palabras empleadas según los dados.


31 de octubre de 2021

Ratón y la calabaza azul

No sabía cuánto tiempo llevaría aquella caja en ese rincón del cuarto de los trastos. Con la de veces que había mirado y ordenado, no comprendía cómo le había pasado inadvertida. Además, era una caja muy llamativa por sus vivos colores pero, eso sí, tenía tanto polvo que este los había apagado un poco.

Decidió estudiar su interior. No podía creerse que estuviera todo. Recordó las palabras del mago Ratuno,  a quien conoció un día por eso que llaman azar, cuando le dijo que su contenido era mágico y que siempre, hiciera lo que quisiera, no podría deshacerse fácilmente de la magia. El mago desapareció un día de la misma manera que había aparecido. Sin saber cómo.

Un gorro de mago azul con estrellitas plateadas, una curiosa varita mágica, un montón de cosas que no sabía para qué podrían servir. No había un libro de instrucciones y menos uno que pudiera entender. Resopló y se encogió de hombros. Pero la curiosidad, que no siempre es mala, era una tela de araña que lo estaba atrapando.

Ilustración de la red

Se puso el gorro y tomó con poca decisión la varita, empuñándola como una espalda y comenzando a hacer filigranas en el aire contra un enemigo que ni había imaginado; soltando una retahíla de palabras y sonidos sin sentido, auténticas jitanjáforas... con las que se fue animando hasta convertirse en un espadachín luchando contra lo invisible.
De pronto, ¡oh! Sintió como si un ente incorpóreo lo empujara hacia atrás o como si una ráfaga de viento le azotara de frente, parando con la espalda a medio camino entre el suelo y la pared. Hizo pie, como bien pudo y, aunque el corazón parecía salírsele del pecho, se quedó quieto con razón y perplejo. Mudo. Ante sus ojos, abiertos como platos, apareció —a saber de dónde—, una hoja, una rama, otra hoja, otra rama... así hasta formar una serpiente que ascendió por la pared hasta el ventanuco del trastero y salió por una rendija al jardín.

A más traspiés que otra cosa, Ratón llegó hasta la ventanita y se aupó: —¿De dónde ha salido esto? —farfulló, parpadeando tantas veces que parecía un faro emitiendo señales morse. Punto, raya... Punto, raya... Raya, punto... Punto, punto...

Imagen de la red

De buenas a primeras, como quien no quiere la cosa, entre los hierbajos empezaron a revolotear decenas de mariposas con alas de cristal que se volvían a veces azules, otras del color de la hierba, de las piedras del jardín, de la tierra... Nunca había visto nada semejante pero le pareció algo asombroso. Entre asustado y emocionado, empezó a llamar a Qamar que, divertida, observaba todo desde el otro lado de su atalaya celestial.

—¿Qué te ocurre?
—¡Estoy asustado! Encontré esto —dijo, mostrando la varita— en un viejo baúl y creo que es mágico.
—¿Crees? ¿No recuerdas qué te dijo el mago Ratuno?
—No muy bien pero es que...
—Eres tan curioso e inquieto como un gato —sonrió Qamar.
—¡Bbbrrrr...! No digas eso, por favor, se me ponen los pelillos de punta. ¡¡¡Bbrrr!!!
—Bueno, ¿y el susto?
—Ese es grande...

Mariposas alas de cristal

Ratón extendió una de sus manitas hacia la calabaza azul en la que algunas mariposas se habían posado.  Solo una se acercó y se quedó en la mano antes de viajar hasta su hocico. Tuvo la sensación de que le estaba mirando, incluso contando un secreto, y aquel cosquilleo que sintió, tardó bastante en desaparecer.

—¿Qué? Una calabaza azul... ¿Una mariposa que se te ha posado en la nariz? —Qamar quería que él pensaba pero estaba tan aturdido con la sorpresa que era incapaz de concentrarse en algo que no fuera aquello a pesar de que sus pensamientos estaban totalmente bloqueados.
—¿Qué está pasando? No entiendo nada —dijo casi en un suspiro mientras la mariposa se reunía con sus hermanas.
—¿Sabes qué noche es hoy? —Ratón pensó. Se le había olvidado por completo y eso que tenía todo preparado para esa noche. En el trastero se le había pasado algo más que el tiempo. Qamar prosiguió—: Parece mentira que olvides una noche como la de hoy. Es la noche de Samhain. Es una de las noches más mágicas del año. —Y la palabra noche repicaba en su cabeza como una campana.
—¡La noche de Halloween! 
—¿Sabes que significa esa palabra?
—¡La noche de las brujas!
—Sí, entre otros nombres, como "la noche de los muertos" o "víspera de difuntos", ¡¡¡La noche de las ánimas!!! Pero en realidad es una palabra muy ancestral que usaban los antiguos gaélicos para referirse a la noche que antecede al uno de noviembre: Allhalloween. Otro día que tengamos más tiempo hablaremos de ello. —sonrió. Ratón frunció el morro y sus bigotes se pusieron tiesos mientras con su mirada expresaba su sorpresa. Realmente, Qamar era muy sabia pero él ya sabía todo aquello, sobre todo porque cada año ella le contaba algo—. Los humanos la celebran a su manera pero nosotros, los seres especiales, tenemos la nuestra. ¿Recuerdas la fiesta del año pasado?
—¡Cómo para olvidarla con todo lo que pasó! —Y Qamar sonrió— Bueno, en realidad recuerdo muy poco.
—Entonces, no cabe decirte que la magia tiene sus efectos. Hay cosas que olvidas pero algo dentro de ti ya no es igual.
—¡Me estás asustando, querida Lunita! Sabes que yo soy un ser más bien científico.
—Cuando las cosas no se pueden explicar... cabe sentirlas, Ratón. No olvides jamás eso. Hay cosas que existen y punto. No les des más vueltas. Y es lo que ha pasado con tu calabaza azul.
—Sigo sin entenderlo, perdona. Entonces, ¿la calabaza azul es azul por dentro? —preguntó, sorprendiéndo a Qamar con semejante ocurrencia.
—Es una calabaza, Ratón, sea azul o verde. Pero si es mágica igual está llena de más mariposas doradas como esas.
—¿Y si la abrimos?

Ratón, evidentemente, no podía abrirla él solo. Qamar, con su magia plata y azul, obró. Con un haz plateado, como si fuera un afilado cuchillo, empezó a cortar la calabaza. Primero por el medio, para hacer dos mitades. Sí, la calabaza era naranja pero sus pepitas... Sus pepitas eran de muchas tonalidades azules. 

—Parece que no es como una calabaza normal, Qamar.
—Llevas razón, Ratón, pero tú eso ya lo sabías.
—Bueno...
—¡Es mágica, Ratón! ¡Sus pepitas tienen que serlo! 

Ratón tomó algunas en la mano. No eran semillas como las de una calabaza normal. Eran piedras casi idénticas las unas a las otras, de cristal, como lluvia congelada, y tenían un intenso brillo, como cuando el sol se refleja en el agua.

—¿Y qué podemos hacer con esto? ¿Se planta?
—Puedes probar a ver qué pasa. Entierra unas pocas en aquel rincón —señaló la luna— y con el resto, ¿qué te parece si las regalamos a los habitantes del Bosque como si fuera un talismán?
—¡Claro! Las puedes llenar de tu magia también y esta noche se las entregamos. 
—¡Trato hecho!
—¿Truco o trato? Jaja —rio Ratón mientras el tema de la mariposa parecía haber quedado a un lado.

Antes de ponerse guapo para la celebración en el Bosque, decidió decorar su calabaza, naranja esta vez, para colocarla en uno de los escalones de la puerta. Junto a ella dejó un gran montón de caramelos para que los pequeños fueran cogiendo Eso sí, apuntó una advertencia: 

«La magia esté en compartir por eso coge solo un poquito de ella para que todos podamos disfrutarla».


Suspiró con una sonrisa entre sus bigotes y empezó a sentirse nervioso. La emoción por vivir una mágica noche como la que iba a llegar causaba furor en él, pero también sentía un especial hormigueo en su tripilla puesto que iba a encontrarse de nuevo con Garrampas, su ratita preciosa quién, además, le había prometido más de un baile a la luz de la luna.

Como sucediera cada noche entre el anochecer del último día de octubre y la madrugada del primero de noviembre, todos los habitantes del Bosque Imaginado se reunieron en la gran explanada, a la luz de la luna que, siempre vigilante, echaba un vistazo a los rituales mágicos de los humanos al otro lado del bosque y se ausentaba un rato para compartir unos minutos con Elio, el sol sin h.
Allí brillaban cientos de farollilos, se escuchaba música, se bailaba a su son y se comía y bebía todo aquello que sumaba lo que cada uno bien había podido llevar.


Ratón estaba feliz por poder compartir algo mágico con los demás. No solo les mostró la última canción que había aprendido a tocar con la flauta —tenía mucho que aprender pero ilusión no le faltaba— sino que aquellos cristales preciosos, de intenso color azul, tan brillantes y tan llenos de magia, magia de Qamar, magia bonita, magia buena, eran un maravilloso regalo repleto de cariño y esperanza.

—Tiene el toque mágico de Qamar.
—Lo conservaré siempre, Ratón. Muchísimas gracias. Es un regalo más que bonito. ¡Me encanta! —exclamó Garrampas emocionada mientras Ratón se ponía un poco colorado por el beso que la ratita estampó en su mejilla—.  ¿Sabes, Ratón? A veces el regalo más grande es aquel que parece poca cosa pero si está lleno de amor, de cariño y de buenos sentimientos siempre será el más grande porque estará lleno de magia —aseguró—. Te prometí bailar, ¿bailas conmigo?
—Por supuesto, estaré más que encantado, Garrampitas.

Arte de Wim Bals

Y en tanto ambos bailaban con el resto, una pequeña mariposa de hermosas alas transparentes los observaba entre las luciérnagas... pero eso ya es otra historia.

Ilustración de la red

27 de junio de 2020

La noche mágica

Ratón había sido invitado a una particular fiesta. Desde que Garrampas partiera hacia el bosque y decidiera vivir con nuevos amigos, apenas se habían visto, por eso recibir aquella invitación le llenó de felicidad. La sabía muy feliz y, aunque la echaba de menos, reconocía que el cambio le había ido muy bien. 
No tenía que llevar nada pero no le parecía bien ir con las manos vacías mas no sabía qué. Suspiró hondo antes de ponerse a dar vueltas sin sentido.

Imagen de la red

—Seguro que hay comida para dar y regalar. Además, no soy un buen cocinero y las tartas me salen mal —se decía mientras parecía buscar algo que no encontraba —¿Qué estoy buscando? —Se le había ido el santo al cielo. Se movía porque no tenía otra cosa que hacer—. Y si llamo a Garramipitas... —dudó—. Sé qué me dirá. A ver si Qamar tiene alguna idea... —¡Elioooooooooo! —gritó varias veces.
—Dime, Ratón, ¿qué problemas tienes ahora?
—Perdona, Elio, pero,  ¿puedes avisar a Qamar, por favor?
—No sé si estará cerca. Hoy tiene la noche un poco liada.
—Lo sé, pero si puedes hacerme ese favor.
—La avisaré. Cuídate, Ratón.

Elio salió en busca de Qamar que la encontró acicalándose los cabellos mientras algunas estrellas revoloteaban cerca intentando prenderse a su pelo. Se hizo una trenza de rizos y voló en un plis plas hasta la ventana de Ratón.

—¡Gracias por venir! ¡Gracias por venir! —repitió Ratón en cancioncilla.
—Tranquilizate, Ratoner. Dime, ¿qué te pasa? Me ha dicho Elio que estás muy nervioso.
—Sí, pasa y siéntate. Te daré un poco de limonada fresquita.
—No puedo quedarme mucho rato, pero te agradezco el ofrecimiento. Dime qué ocurre...

Ratón le contó aquel grave problema que tenía. Qamar se sonrío y negó con la cabeza. Su amigo se ahogaba, a veces , en un vaso de agua.

—Ratón, es una fiesta de amigos. Estarán todos los habitantes del bosque y sus invitados más cercanos. No tienes que hacer ni llevar nada especial pero comprendo que desees agasajar, al menos, a Garrampas. —Ratón asintió.
—No se me ocurre nada.

Qamar estuvo pensando un rato. Tenía ya una idea pero le gustaba observar la impaciencia de Ratón y le hacía gracia aquella posturilla que adoptaba cuando estaba esperando una respuesta. Respiraba profundo y dejaba caer la barbilla sobre sus manitas. Pestañeaba como si eso hiciera que los pensamientos fueran más serenos o que las ideas llegaran antes.

—Busca un tarro bonito y que tenga tape. Cuando vayas al bosque por la tarde y camines por el sendero de Los Pétalos debes fijarte muy bien porque hoy, solo hoy, florecen unas plantas que parecen hierbas el resto del año. Debes estar atento porque son muy sutiles y delicadas. Las reconocerás ya que desprenden una luz muy especial y sueltan como un polvo brillante que parece luciérnagas. Con cuidado, acerca el tarrito y deja que se vaya llenando. Lo cerrarás con cuidado y le pondrás este lazo —dijo, entregándole un pequeño rayo de luna—. Estaría bien escribirle algo bonito y dárselo cuando se lancen al cielo los farolillos de los deseos. Dile que pida un deseo y le das el tarrito.
—¿Y qué tienen esos polvitos? 
—Son magia, Ratoner. Sirven para curar las heridas del alma por eso la flor es tan rara.

Ratón se quedó muy callado. Y muy quieto mientras contemplaba el lazo en sus manos.

—Gracias, Lunita. Muchas gracias. Será un regalo muy bonito. Seguro que le gustará.
—Claro. ¿A quién lo le gusta un regalo mágico? —sonrió.
—¿Qué harás tú esta noche?
—Estoy escondida estos días así que estaré tranquila pero después de los farolillos me iré a la Torre Guirnalda... ¡¡Iluminaré todo el bosque y celebraré la noche más corta con todos vosotros!! ¿Qué te parece?
—Bien. Los humanos se van a llevar un buen susto —sonrió porque cuando la luna se esconde es que nadie la ve—. ¿Y Elio? No tenía muy buen humor.... o me lo ha parecido.
—Ya sabes que a él estas cosas no le hacen mucha gracia. Él hace lo que tiene que hacer y ya está. —Ratón se encogió de hombros.
—De acuerdo —sonrío Qamar sin ver un gran entusiasmo en su amigo. Sabía que sus pensamientos estaban en otro lugar. —He de irme, Ratoner. Nos vemos esta noche. ¡y no olvides tu flautín!— dijo, saliendo sin que Ratón se diera cuenta.

A la hora prevista, Ratón cogió su flauta y el tarrito de cristal y partió hacia el Bosque Imaginado montado en su bicicleta de tres ruedas. Estaba más lejos de lo que pensaba pero se sintió tranquilo cuando por fin pudo entrar. Siguió el sendero que le había indicado Qamar y no dejó de mirar de un lado a otro esperando hallar la flor rara. Poco antes de llegar al cruce, ahí, entre las maleza, percibió una luz, muchas luces...

—¡Es verdad!, parecen luciérnagas.

Era una flor muy sencilla, con pocos pétalos pero era tan brillante que por un momento pensó que eran rayos de sol plateados. Se acercó con cuidado y colocó el tarro. Poquito a poco aquel polen fue cayendo dentro. Se sentía feliz. Había logrado dar con la flor y sería un magnífico regalo para Garrampitas.

Imagen de la red

Aquella parte del Bosque Imaginado había sido un no parar con los preparativos. Los ratones por un lado. Los pájaros por el otro. Los gatos parecían pollos sin cabeza y en aquel bosque, al que llamaban Imaginado, porque pasaba de todo y a veces de nada, había semejante algazara que Elio, el sol sin h, y Qamar, la luna que se viste de azul, se miraban el uno al otro como si no entendieran algo que siempre pasaba en vísperas de aquella especial noche. Un caos muy bien organizado.

Los humanos la llaman Noche de san Juan y la celebran con ritos paganos y hogueras. En el Bosque Imaginadola noche de los farolillos, y en este Universo Azul, cualquier nombre con misticismo, con magia, con sonrisa..., es bonito. Qamar diría que al agua de la luna. Elio es mucho más práctico y a él le parece que es un motivo más de fiesta para unos y unas horas más de trabajo para él. Ese rumor ancestral que le hacía enamorado de la Tierra y que se negaba a abandonarla no iba con él. Por esta idea se celebraba ese amor con hogueras. Tonterías, decía. El que no tiene nada que hacer... Para él no era más que un cuento chino.

Ratón dejó atrás el cruce y, un poco más allá, ya pudo escuchar la algarabía del bosque. Los árboles estaban adornados con cientos de guirnaldas de flores de todos los colores e iluminados por otras tantas estrellas que tintineaban. Todo estaba casi preparado. Saludó a un montón de animalitos antes de encontrarse con Garrampas que portaba una preciosa tarta de frambuesas silvestres.

—¡Ratón, mi querido Ratón!
—¡Garrampitas!

Garrampas pasó la tarta a una vecina y se fundió en un gran abrazo con Ratón.

—¡Qué alegría que hayas podido venir!
—No podía faltar a la fiesta. ¡Me he traído la flauta!
—¡Genial!
—Estás muy guapa. —Estaba preciosa con su lazo en la cabeza y su vestido de flores. 
—Gracias —dijo Garrampas notando que se le subían los colores. —Ven, te presentaré a todos.

Y así fue como Ratón conoció a los amigos del bosque y con los que Garrampas hacia nueva vida. Ahí estaba Éldelpan —este nombre le hizo mucha gracia—, el cocinero del Árbol y que era primo hermano de Eldelvino. Éldelsol, el astrónomo digital que escuchaba a las estrellas y un largo etcétera de amigos ratunos con los que Ratón entabló una bonita amistad.

Imagen de la red

Poco después conoció a Sandra, la salamandra y a Juanita, la ranita que nació en un caldero mágico, por eso su piel es fluorescente. A Lor y Enzo, los primos erizos y Crispín, el puercoespín. Incluso a Pim, Pam, Pum, las tres pulgas que habían hecho voto de no picar y optado por ser vegetarianas. Bruno y Liz, el búho y la lombriz. Eneco, el conejo. Torcuato, el pato del cuarto. Y no podía dejar de conocer a Amancio que era tan sabio como mancio*, pero un encanto de escarabajo. A Ulrico que se creía el más rico del bosque porque era una fiera almacenando semillas.  Y a Blas, Plas y Zas, unos dragones de agua que le contaban chistes a Huga, la tortuga. Tingo, Tango y Pilla, los trillizos ardilla que jugaban al pilla pilla con Lafi, Pafi y Mifi, las mofetas felices. Teo y Doro, el zorro y el lobo.
Pero con quien se rio mucho fue con Ratonlab, un auténtico ratón cuántico del que no entendía nada pero le resultaba de lo más gracioso. Y estos le presentaban a otros amigos, y estos a otros... hasta que hubo un momento en que ya no sabía quién era quién.

Todos juntos se sumaron a la gran cena. Disfrutaron de todas aquellas viandas: canapés de higo, tortilla de calabacín, tartas de arándanos, de fresas silvestres, zumo de campanillas, néctar de jacintos, tartaletas de miel y queso.... ¡Para chuparse los dedos! Pocas veces Ratón había sido tan feliz.

A eso de media noche, todos se reunieron en la pequeña explanada de las Ranas Azules, que ni eran azules ni había ranas por eso también la llamaban de las dos mentiras. Prepararon sus farolillos, con sus deseos y en ese momento, mientras Garrampas se disponía a escribir el suyo, Ratón le entregó el frasquito de polen mágico.

—¡Es precioso, Ratoner! ¿Qué es?
—Tu regalo. Es algo mágico. Qamar me ha dicho que cura las heridas del alma, que es de una flor muy rara.
—He oído hablar de ella pero pensé que era una leyenda. ¿De verdad es polvo de la flor de la luna?
—No sé cómo se llama pero sí, debe ser.
—Gracias, Ratoner. Muchas gracias.

Garranpas saltó sobre él, abrazándolo con tanta fuerza que estuvieron a punto de caer. Su farollilose soltó y voló hacia el cielo estrellado sin deseo alguno. Ratón vio como ascendía sin poder hacer nada. Prefería seguir sintiendo el abrazo de su querida amiga. Miró al cielo antes de cerrar los ojos. Qamar, montada en su carruaje, se apartó el velo negro y le sonrió antes de desaparecer tras las estrellas. Ese sería su farolillo. No precisaba escribir deseo alguno.

Si la luna viajara / Paula Belle Flores

—He perdido mi farollilo —dijo Garrampas observando cómo se perdía de vista. Ratón sonrió y, alargando la mano, le ofreció el suyo.
—Está aquí.
—Escribiremos nuestros deseos juntos, ¿te parece, Ratoner?
—Por supuesto.

Aquella noche fue mágica, pero de las de verdad, de las que todo es posible. Para Ratón fue muy especial y fue muy muy muy feliz, tanto que aún tocaba su pícolo cuando Elio le sorprendió tirándolo de los bigotes.

  • Mancio, en aragonés, viene a ser una persona, también se puede decir de un animal, muy tranquilo, con poca energía... como que le falta un poco de sangre. Que no tiene rasmia.


19 de mayo de 2017

El décimo árbol

Hacia las afueras de la ciudad, atravesando el campo de lavandas y siguiendo el sendero de la corriente del río, se extiende un amplio bosque donde curiosamente crecen un par de higueras. En una de ellas es donde Garrampas vive. Es el décimo árbol a la derecha.

Es un árbol centenario de grueso tronco y muchísimas ramas, fuertes y robustas, frondosas en época estival por lo que disfruta de agradecidas sombras, y que crece al amparo de una enorme roca,   abrazado a otro que le ofrece abrigo en invierno.

En su terraza dispone de una bonita sombra que se anima cuando en junio nacen los primeros frutos. Lucen unas exquisitas brevas que son causa de muchas peleas entre ella y los mosquitos, abejas, avispas y demás seres alados, aparte de otras criaturas invasoras y ladronzuelas que quieren probar tan dulce postre.
Son una auténtica delicia, un gozo para el mejor paladar.
Luego, hay que esperar hasta septiembre cuando llega la remesa de higos. Es más abundante y suele almacenarlos. Unos los pone a secar con harina de bellota para seguir teniendo ese manjar durante el invierno. Otros, en mermelada, y con el resto, hace una fiesta donde todos aportan un poco.

Higuera surrealista extraída de la red

Su casa no es una de las que más altas se halla pero a pesar de ello la vista es impresionante. Puede ver el río al fondo a la izquierda, sobre una nube de copas que, en otoño es un maravilloso manto de ocres, verdes y marrones, que son nido de un variopinto grupo de vecinos.

Sus vecinas de enfrente, una ardilla vieja de muy malas pulgas pero buen corazón, y una ardilla medio gris que hace unos pasteles de manzana increíbles. Por arriba solo tiene un regimiento de familias de gorriones un tanto estrepitosos, una pareja de urracas que siempre están discutiendo; un ruiseñor trasnochador y galán, y una abubilla con un precioso vuelo amariposado que acaba de ser mamá. Por debajo, familias de ratoncillos, más ardillas ralladas, algún caracol y más de una araña…, un pájaro carpintero, que ponía a todos de los nervios hasta que le dieron el alto para que parara con tanto picoteo, pero, eso sí, es un manitas; y unos ratones morunos.  A ras de suelo, viven dos parejas de erizos y en el sótano, un par de hurones y una familia numerosa de conejos grises, cuyos hijos son un poco salvajes.

Amanita muscaria. Seta venenosa.

¡Ah,! Ahí, un poco más allá, al abrigo de una de las raíces superficiales de la higuera, donde dan los primeros rayos de la tarde, hay un grupo de setas de esas de pintas rojas, como de cuento que, curiosamente, siempre tienen el mismo tamaño, el mismo brillo y nunca se mueren... Las lenguas del lugar dicen que viven unos seres mágicos aunque nadie los ha visto pero que en determinadas lunas vez se dejan ver.

Al otro lado, se ve la ciudad. Allí vive Jerby.


A Jerby, el ratón azul, ya lo conoces pero aquí tienes un poquito de la historia entre ellos.

23 de abril de 2017

Ratita Garrampas

Imagen de la red

Esta ratita no es una Ratita Presumida pero es muy bonita y muy menuda. Es tan suave como una pelusa. Podría llamarse Ratita Pelusa pero no. 

Es inquieta y cariñosa y mueve el hocico como si tuviera virutitas de polvo lo que hace que parezca que está sonriendo. Le encantan los lazos. Los tiene de todos los colores pero le chiflan el rojo y el azul. Se pasa la mayor parte del tiempo acicalándose después de unas interminables sesiones de gimnasia en la rueda donde no entiende ni de día ni de noche. Le encanta comer dientes de león y hojas de trébol, la crema de verduras y las pipas de calabaza. Le pierden las chuches pero las tiene prohibidas. Se duerme escuchando canciones de Queen y no soporta que le acaricien la tripita. 
Su nombre podría ser Ratita Malas Pulgas pero es tan buena que no muerde mas sí avisa.

Podría llamarse Ratita Garbancita pues no abulta más de una moneda. 
O, también, Ratita Ojitos porque tiene unos preciosos ojos negros. Pero, en realidad, se llama Ratita Garrampas porque, aparte de llevar siempre sus pelos de punta, cuando le das un beso suelta unos pequeños latigazos de corriente. Es la emoción que siente por el amor que profesa. 
Por eso sus besos son eléctricos e inolvidables como los de una princesa encantada. Que se lo digan a Punta en Blanco que la tiene totalmente consentida. Para él es su Reina Blanca.

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Y para Ratón, el ratón azul de ciudad, es... el amor de su vida. Pero eso es otra historia que ya iréis viendo a su tiempo.

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