En los confines de este lugar mágico, los nocuentos y las deshistorias encuentran su morada. Aquí nace mi Universo Azul: un espacio donde la imaginación navega en caracolas aladas y la fantasía se cuela, suave, entre la realidad y los sueños.

9 de septiembre de 2026

Zango y Lotino

(o el arte de no creer del todo)

Zango era larguirucho, como una espiga sin trigo, y Lotino caminaba como un calcetín sin su par. Iban siempre juntos, como la risa y el tropiezo. Decían que venían del pueblo de Las Manías Lentas, donde todo se hacía tarde y mal, pero con una gracia que nadie podía imitar.

—¡Camina recto, Zango! —decía Lotino—. Pareces un junco que quiere ser flamenco.

—Y tú, Lotino, de tanto hacer reverencias, un día te vas a quedar doblao.

Eran inseparables. A veces fingían ser señores importantes con sombrero imaginario, o filósofos de charco, dando discursos a los gorriones. Pero no podían engañar a nadie: eran dos zangolotinos de libro.

Les gustaba subirse a los bancos de la plaza y recitar poemas sin rima, perseguir sombras creyendo que eran secretos y preguntarle a la luna si se podía aprender a ser adulto sin dejar de ser niño.

Una tarde, de esas locas suyas, cuando el sol empieza a ponerse y la luna remenea su falda de tules, el viento los vio tropezar con un suspiro. Les mandó un buen soplido que los envolvió de risa, los revolcó por el suelo como si fueran un par de estepircusores y les susurró:

—No hay prisa por crecer si sabéis bailar con el desatino.

Y desde entonces, a quien veas haciendo tonterías con elegancia, riendo sin medida o jugando con palabras inventadas, di con ternura:

—Buah… a otro que le ha dado un aire.

 Personajes y perro delante del sol / 1949 / Joan Miró (tapiz)

Zangolotino es una palabra que no avisa, y la mar de molona. Aparece cuando alguien anda un poco torcido, ríe donde no toca o se empeña en crecer sin dejar de tropezar. Tiene algo juguetón y un punto de desequilibrio, como si al decirla también se te fuera el pie. 

No es exactamente un insulto, ni una etiqueta, ni una edad. Es más bien una manera de estar en el mundo: con cierta torpeza, bastante imaginación y ese empeño raro de querer parecer serio mientras se hace el tonto sin querer.

¿Y qué hace un zangolotino o una zangolotina?
Pues zangolotear: caminar como quien baila sin saberlo, equivocarse con gracia y reírse antes de pedir disculpas. Siempre al borde del tropiezo, pero sin perder el estilo.

Porque, al final, casi todos —aunque no lo confesemos— hemos sido zangolotinos alguna vez. Y a algunos, de vez en cuando… todavía nos da el aire.


19 de agosto de 2026

El silencio que me habita

 Aquella noche, el bosque no hizo ruido.

Ni una rama, ni un insecto, ni el más leve crujido.
Caminé pensando que estaba sola
hasta que algo, desde dentro de mí,
susurró:

—Por fin has llegado.

No supe si detenerme o seguir.
El aire aguardaba. El camino también.

Entonces comprendí que no era el bosque quien había callado.
Era yo quien, por primera vez, había dejado de hacer ruido por dentro.

Y en ese silencio —nuevo, intacto—
algo empezó a nombrarme sin palabras.

Mujer caminando por un sendero forestal
1883 / Vasily Polenov


5 de agosto de 2026

Donde el mar no suena igual

Hay sonidos que no vienen de fuera.

La caracol / César Ayllón

Aquella noche oí al mar dentro de una caracola.
No traía olas, ni espuma, ni sal.
Traía mi nombre,
pronunciado como si siempre hubiera vivido allí.

Me quedé en silencio, sosteniéndola entre los dedos, como si cualquier movimiento pudiera romper ese hilo invisible que acababa de tenderse entre su mundo y yo. No supe en qué momento dejó de ser un objeto para convertirse en una presencia. Solo supe que estaba escuchando algo que no debía tener voz.

La acerqué un poco más.
Entonces el aire cambió de textura, como si se hubiera vuelto más antiguo, extrañamente ancestral.

Al otro lado, algo guardó silencio,
como si supiera que lo estaba escuchando.
Y fue ahí cuando dudé por primera vez: no de lo que oía, sino de lo que había dentro de mí que reconocía aquel sonido.

Desde entonces, cuando la abro, el mar ya no responde igual.
A veces tarda demasiado.
A veces parece buscarme antes de contestar.

Y hay noches en las que no sé si es la caracola la que suena…
o si soy yo la que ha empezado a escuchar desde dentro. 

… porque ya no suena igual.

Desde entonces, el silencio ya no está vacío…
solo espera.

14 de junio de 2026

Cosa de estar, no de llegar

Anoche sembré un sueño en el jardín.
Esta mañana había crecido una escalera.
No sé adónde lleva,
pero huele a cielo…
y a gloria.

Al principio dudé. No por miedo, sino por ese temblor leve que tienen las cosas que importan. La primera madera crujió bajo mis pies como si despertara conmigo, y el aire empezó a volverse más claro a cada peldaño.
No había prisa. Cada paso era una pregunta sin respuesta, y, sin embargo, todo parecía saber a dónde iba. A mitad de camino, miré hacia abajo: el jardín ya no era jardín, sino un recuerdo verde que respiraba despacio.

Seguí subiendo. Y entonces lo entendí: 
La escalera no llevaba a ningún lugar.
La escalera era el lugar.
Porque en cada peldaño dejaba algo que pesaba, y en cada altura nacía algo que aún no sabía nombrar.

Cuando llegué arriba —si es que había un arriba—, no encontré puertas ni cielos abiertos, solo una luz tibia que me reconocía.
Y supe, sin necesidad de palabras, que hay sueños que no se cumplen:
se habitan.

La luna, la liebre y el mirlo / Amanda Clark

1 de marzo de 2026

Donde habita el eco

Aquella noche el viento llamó a mi ventana. No traía frío ni tormenta, solo un nombre que no supe pronunciar —aunque, no me era ajeno—. La cortina se estremeció apenas, como si alguien hubiera cruzado el umbral sin cuerpo. El aire cambió de peso. Olía a tierra húmeda y a memoria que no quería ser olvidada, a algo que había esperado mucho tiempo para regresar.

No vi nada. Pero supe que estaba. Se deslizó por la habitación como si conociera el camino, como si hubiera estado antes entre mis sombras. En un parpadeo tuve la impresión de verla, al menos eso me pareció. Se detuvo ante mis libros, recorriéndolos con una curiosidad lenta —como si buscara en ellos su propia historia o despertase en ella una memoria de siglos o, mejor aún, reconociendo ese rastro humano que reclamaba como propio, como si pudieran ser las únicas anclas que le permitieran volver, o simplemente le gustara el eco de mi mano sobre los lomos—. Me miró, y no temí. Fue algo fugaz, como el roce de dos almas atemporales que se habían encontrado al fin. Luego, se detuvo en el borde de la cama y, tras un respiro —que no sé si fue eterno—, se sentó en ella; parecía recordar exactamente dónde habitar. No pidió permiso. No hizo preguntas. Solo dejó su latido suspendido en el aire.

Desde entonces, cada vez que cierro los ojos… alguien responde. No con palabras, sino con esa certeza tibia que se posa en el pecho cuando lo invisible decide quedarse, aunque a otros les horrorice y les congele el alma.

 Les yeux clos / 1890 / Odilon Redon

Ahora ya no hay silencio. Solo una respiración que acompaña la mía, y a veces pronuncia mi nombre mientras las páginas de algún libro pasan entre mis manos. 

Por eso, en este leer juntas, mi biblioteca ha dejado de ser un refugio de papel y se ha convertido en un mapa de ecos, en una geografía de voces que antes yo no sabía escuchar. 

Su compañía ha despertado un interés nuevo en cada rincón. Es un aire nuevo en mi vida, entre estas paredes que eran mi prisión. Me guía, con la levedad de un suspiro que apenas roza el aire, hacia esos libros que siempre habitaron mis estantes como centinelas mudos, como guardianes de un secreto sepultado bajo el peso de los años, envueltos en un tiempo que mis ojos no sabían descifrar, en un idioma que mi alma aún no recordaba. Con su mirada invisible, he aprendido a rescatarlos del olvido; a sacarlos de su exilio de polvo, para transformarlos en una compañía necesaria, en un diálogo que no conoce final. 

Me ha enseñado, desde ese conocimiento antiguo, a comprender que amar un libro no es solo recorrer sus letras, sino dejarse habitar por su sombra, dejarse herir por su luz, dejarse envolver por ese rastro de eternidad que se revela más allá de nuestros ojos.

6 de enero de 2026

El secreto bajo la almohada

Cuando se me cayó el último diente, en la mágica noche de Reyes, esperaba al ratoncito Pérez, ese del que siempre me habían hablado, aunque no había visto más que aquellos que se colaban por debajo de la nevera o armaban jaleo entre la vajilla que se quedaba a escurrir por la noche.
Mientras la casa olía a ilusión y a pasos lejanos que aún no habían llegado, coloqué el diente debajo de la almohada, como me dijo mi abuelo. Pero aquella noche no vino ningún pequeño visitante con bolsa de secretos. Todo estaba en silencio, y la luna vigilaba desde el cielo con sus ojos de gasa plateada, como si alguien más, venido de muy lejos, también estuviera guardando algo invisible, guardiana de un misterio más grande que el de todos los dientes perdidos juntos, oscuro y luminoso como la noche que precede a los regalos.

Dormí como un lirón. Al despertar, todavía no había amanecido —pero los nervios por la llegada de los Reyes palpitaban en mí—, envuelta en un amasijo de sábanas y mantas, encontré algo inesperado bajo la almohada: una pluma ligera, tan blanca como el suspiro de una nube, envuelta en un hilo dorado que brillaba con un destello suave, casi mágico. No era una pluma cualquiera; parecía un fragmento caído de algún sueño olvidado, quizás tejido por los hilos invisibles de la luna o de algún duende que tenía como mascotas gusanos de seda mágicos.
No dije nada a nadie, ni siquiera a mi abuelo, que sabía más que nadie del secreto. 

IA binn.com ©mag

Por la mañana abrí los regalos de los Reyes, como siempre, entre papeles de colores y sonrisas, con las manos aún torpes de sueño, pero con el corazón distraído en otra cosa, porque mi pensamiento seguía en la ligereza de aquella pluma.
Desde ese día, cada noche he soñado que vuelo entre cielos estrellados, enredada en caminos de luz que solo las plumas conocen. Y cuando amanece, esa magia callada se queda conmigo, pues siempre encuentro pequeñas plumas desperdigadas por las sábanas, como un rastro de aquellos vuelos invisibles.

Así aprendí que a veces la magia no llega envuelta en grandes sorpresas, sino en pequeños detalles que invitan a soñar despiertos, bajo la mirada atenta y protectora de la luna azul y de quien, sin decir nada, te quiere como a su propia vida.
Y aún hoy, cuando la noche se hace más profunda y el silencio abraza la casa, escucho la voz de mi abuelo resonando en la memoria, un susurro cálido que dice:

“Recuerda, pequeña, que la verdadera magia nunca se pierde, solo cambia de forma y se queda contigo, en el latido escondido del corazón.”

Imagen: «Pide un deseo» / Sashy

Y así, esa niña que fui sigue viva dentro de mí. Vuela, aunque no sea entre plumas, aunque no sea entre sueños que se cumplen, pero sí entre latidos de esperanza, con la magia callada como un verbo que se conjuga en cada momento… siempre… bajo el halo suave y el brillo perenne de la luna.

Siempre se ha dicho que la noche de Reyes es mágica, 
y que su magia no llega envuelta en papel, sino en aquello que aprendemos a guardar en silencio: regalos invisibles que se quedan para siempre, que permanecen, 
ligeros como plumas, que nos enseñan a volar, 
porque la infancia no se pierde; 
solo cambia de forma y aprende a volar distinto.

31 de diciembre de 2025

Aquella que surge de las sombras

Un eco olvidado bajo siglos de silencio.
Su nombre borrado, su voz negada.
Pero al fin habló.
Y todo lo que el mundo quiso acallar… respondió con un temblor.
Hoy no hay silencio que no tiemble.

De las grietas del tiempo brotó una luz temblorosa, un hálito que despertó a los que dormían sin memoria. Los muros callados comenzaron a murmurar sus verdades, y en cada rincón, el viento habló de secretos antes lacrados.

Las almas abrieron sus alas como mariposas nocturnas al albor de una pequeña esperanza. Los pasos quedos, callados, golpearon el suelo como esquirlas de piedra. El aire se cargó de un suspiro antiguo, ancestral, perpetuo… como un susurro que rompía aquel hechizo venerado del olvido.

Entre sombras como velas titilantes, una figura emergió, 
de la nada… o del todo,
portando en sus manos el eco de un pacto sellado.
Y ahí, entre la espesa penumbra, los muros se abrieron de lamentos. La figura, como humo de incienso, parecía ser testigo de una danza de tiempos que resonaban en la piel del aire, desvelando memorias que permanecían dormidas. Cada lamento, cada suspiro, era un puente entre lo que fue y lo que aún no se atrevía a nacer.

Aquella que surge de las sombras avanzaba sin tocar el suelo, dejando tras de sí un rastro de cenizas doradas, mientras el tiempo se deshacía en fragmentos de eternidad suspendida.

The ghost lady in the autumn grass
Imagen creada por Midjourney AI

7 de noviembre de 2025

Espectral

Es en el umbral de la noche, 
cuando el alba se retuerce, 
que ella, 
encadenada a su mágica maldición, 
se eleva de entre la tierra. 
Su voz, eco de muerte no vencida, 
despierta los nombres olvidados. 
No clama venganza, 
sino justicia; 
esa que ni vivos ni muertos osan ya pronunciar. 
 Y, entonces, solo entonces, 
tan solo el silencio se atreve a mirarla.

Arte digital de Anna Dittman

Poema seleccionado por Editorial Diversidad Literaria en el concurso «El umbral de las tinieblas» para su Antología Poética.
30/10/25

16 de julio de 2025

La que no olvida

Calcedonia no nació, sino que fue invocada cuando alguien quebró un juramento bajo el jacaranda florido. Aparece en los claros de luna, vestida con brumas violetas y la mirada de quien lo recuerda todo.
Camina entre raíces y silencios, con una piedra en la mano y antiguos nombres en la boca.

No grita, no acusa. Solo deja su ofrenda en el umbral del culpable.

Quien la ignora, desaparece.
Quien la guarda, arrastra el peso de lo que hizo.
Implacable su letanía, donde termina el silencio.

Por miedo al eco de sus pasos… ya nadie promete lo que no puede sostener.


(100 palabras)

Vía Pinterest



Calcedonia
"Escribir Jugando" es un reto mensual de escritura creativa. Lo organiza la escritora Lidia Castro Navas desde su blog y consiste en microrrelatos o poesías con límite de 100 palabras inspirándonos en una carta propuesta y el dado o imagen que la acompaña.

Reto opcional:  Que aparezca algo relacionado con la jacaranda o flor de Australia.

20 de abril de 2025

La vereda del espejo

Caminaba sola, como tantas veces, por la vereda vieja del carrascal. El polvo hablaba en sus botas, y el viento —amigo de otros tiempos— le traía canciones que ya no recordaba. El cielo, gastado de azul y de pájaros, parecía mirarla sin prisa. Cuatro cabras, media docena de ovejas. La seguían como la habían seguido siempre: pausadamente, con el deleite de saberse seguras, en terrero y en estima.
Fue entonces cuando lo vio: en mitad del sendero, un espejo. No tenía marco, ni cristal, ni cuerpo que lo sostuviera. Solo reflejo. 
Se acercó con la calma de quien ha visto cosas imposibles en sueños, y se asomó. No era su rostro el que aparecía, sino el de una niña de ojos de almendra y capa de estrellas. Una niña que sonreía con la dulzura intacta de lo que no ha sido roto. 
Alzó la mano, y la niña hizo lo mismo. 
Pero aquel gesto no fue reflejo: fue saludo. Siguió andando. El espejo, como la infancia, se disolvió en el aire. Solo quedó un susurro entre las ramas de los olivos: «Aún puedes soñar».

Campesina con cabra / 1881 / Camille Pisarro  

27 de mayo de 2024

El fauno del Bosque II

Ingenum15 de agosto 2023

Ker, 19 de septiembre 2023

Leuksna, 17 de octubre de 2023

Nugas, 21 de noviembre de 2023

Ignus, 19 de diciembre de 2023



Fauno del Bosque es un reto literario de fantasía oscura que coordino junto a Alastor y Ratoner a través de la plataforma X-Tw.
Estas son las lanzaderas emitidas (el texto es mío y la imagen la aporta, generalmente, Alastor. Ratoner es la mano administrativa tanto en X-Tw como en el Bosque Imaginado del que forma parte.).

Si deseas saber más o participar en siguientes convocatorias, no dudes en informarte aquí.

28 de febrero de 2024

El puente de la runa perdida

Caía la tarde y sus perseguidores seguían al acecho. No reblaba nadie, pero estaban agotados. Aprovecharon la oscuridad lunar y el refugio de un viejo molino para descansar. El jinete, acomodándose, halló un peculiar trozo de madera que se guardó. Al alba, reanudaron su huida, sin saber del cortante que había más adelante. Contrariado, instintivamente tocó la runa, alzando un deseo mientras sonaban relinchos cercanos. Ante sus ojos, un arcoíris surgió abrazando el abismo. Quizás, un último aliento de esperanza. Azuzó al caballo y lo atravesaron. Al volver la mirada, había desaparecido y, con él, la runa de su bolsillo.

(100 palabras)

Cruzando el arcoíris 
Diseño bajo mis instrucciones con IA Dreams by Wombo

*Reblar: Palabra muy aragonesa que significa rendirse, ceder al desánimo, cejar en el empeño. Por lo tanto, no reblar significa no ceder al desaliento, no rendirse y luchar hasta el final para conseguir un propósito.


Runa de madera
"Escribir Jugando" es un reto mensual de escritura creativa. Lo organiza la escritora Lidia Castro Navas desde su blog y consiste en microrrelatos o poesías con límite de 100 palabras inspirándonos en una carta propuesta y el dado o imagen que la acompaña.

Reto opcional:  Que aparezca en la historia algo relacionado los molinos de viento.





30 de enero de 2024

La mensajera

Yemyl, nacida bajo el influjo de la luna azul de otoño y el rumor suave del mar, vio su piel convertirse en un tapiz de enigmáticos símbolos desde el primer aliento. Cada uno, con un nombre sagrado, representada un hecho trascendental para su pueblo. 
El destino la honró con una magia única; así, cada luna azul, resurgía Mannaz sobre la piel de su garganta como un secreto guardián, exhalando un sutil aroma a orquídeas. El misterio del pasado se revelaba a través de ella y un nuevo símbolo marcaba su piel como evidencia de su mensaje y de su don.

(100 palabras)

Yemoya / Bernadett Bagyinka


Runa Mannaz
"Escribir Jugando" es un reto mensual de escritura creativa. Lo organiza la escritora Lidia Castro Navas desde su blog y consiste en microrrelatos o poesías con límite de 100 palabras inspirándonos en una carta propuesta y el dado o imagen que la acompaña.


Reto opcional:  Que aparezca en la historia algo relacionado con la orquídea «ángel de la guarda».






6 de enero de 2024

La noche de la lumbría mágica y el misterio de los cuatro sabios

Estos días de Navidad son un poco complicados para Ratón, pues se le juntan y se le revuelven sentimientos. Atrás dejó su tierra, sus raíces y a la poca familia que le quedaba después de aquel crudo invierno en el que el emperador Cortode Patas —y también de entendederas— fue derrocado por fuerzas rebeldes, dicen que, además, invisibles. El pueblo se sumió en una cruel y larga guerra que se vio encrudecida por el terrible frío, la falta de suministros y de comida. Fue un tiempo muy duro del que Ratón pudo escapar gracias al bando resistente. Fue un largo camino de exilio.
Pero llegó aquí, a este lugar mágico, no exento de peligros y vicisitudes adversas, pero lleno de buena gente, de amigos incondicionales que lo acogieron y se convirtieron en su nueva familia. Y cuando conoció a su lunita Qamar, el Universo se rindió ante él. Con ella conoció un sentimiento al que seguía sin poder poner nombre, mas le completaba e inundaba de algo indescriptible que le producía una inmensa felicidad.

Imagen Pinterest

Ella es magia, y por ella, el mundo también lo es.

Aquella noche, mágica como ninguna, las estrellas brillaban con una intensidad inenarrable y bailaban de una extraordinaria forma parpadeante. Qamar se había puesto sus velos más zarcos, bañados de plata que la hacían deslumbrante. Ratón sabía que algo increíble sucedería esa misma noche y que todo el Universo Azul estaba ahí como un gran escenario donde todo iba a desarrollarse.

Sabía que Qamar había empezado la Lumbría estelar. Era algo más que un conjuro, algo más que palabras; representaba el alma pura de la noche de Reyes, una danza de luces que llevaba consigo la esencia pura de la esperanza y la alegría. 
La luna, con su sabiduría y encanto,  iba a enseñar a Ratón el arte de invocarla. Juntos, en las primeras sombras del atardecer, atravesarían el Bosque Imaginado, con sus altos árboles y sus inmensas praderas verdes, con sus lagos cristalinos y sus seres encantados, y, bajo el vasto manto nocturno salpicado de infinitas estrellas, comenzarían su ritual.

El aire vibraba con una energía especial, como si la naturaleza misma estuviera aguardándolos expectante. Qamar, con su mirada resplandeciente y voz serena, tomó con ternura la mano de Ratón.

—Este conjuro —susurró— no solo convoca la magia de las estrellas, también despierta la fuerza de los corazones puros.

Atravesaron el Bosque Imaginado. Aquellos árboles tan altos inclinaban sus frondosas copas en reverencia a la magia de Qamar, los riachuelos salpicaban sus aguas con alegría y los senderos se tornaban azules al paso de la luna y su maravilloso amigo. Los susurros de los seres mágicos del bosque se convirtieron en una melodía invisible solo rota por el sonido sereno de los pasos de Ratón.
En el centro de aquel decorado, junto a la laguna cuyas aguas se mecían mansas al arrullo de la bóveda celeste, Qamar compartió con Ratón los secretos de la lumbría estelar. Susurros suaves, gestos gráciles, silencios profundos y una complicidad única entre ambos dieron inicio al ritual. Las estrellas, como si anticiparan el encantamiento, centellearon con más intensidad. Una cálida luz, en la que se fundían todos los colores del Universo, comenzó a esparcirse por todos los rincones. Era el poder de la lumbría, una manifestación de amor y magia que traía consigo regalos de felicidad e ilusión para todos.

Ratón sabía en su corazón que, gracias a Qamar y su conexión especial con el Universo, cada estrella brillaba con un propósito: llevar alegría a los corazones necesitados. El conjuro había sido invocado, y su efecto se extendió por toda la tierra, iluminando los caminos y llenando los corazones con la promesa de un futuro un poquito mejor.

Fue entonces cuando, en el punto más álgido del conjuro, envueltos en una bruma resplandeciente, se manifestaron tres espectros luminosos, tres figuras que irradiaban una luz todavía más inmensa, coronados de gloria y bondad.

—Nuestra adorada Qamar, bienaventurada seas —resonó la voz del primero, enfundado en una hermosa vestimenta púrpura. En su rostro, el devenir blanco del tiempo.—. Querido Ratón —y se hizo un pequeño silencio—, somos los mensajeros de la noche de Reyes y portamos dones para ti.

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Qamar se retiró un poquito, dejando que los sabios, con sus túnicas que brillaban con el fulgor de mil constelaciones y unas amables sonrisas dibujadas en sus bocas, se acercaran a Ratón que, como un niño, los contemplaba sorprendido, absorto, maravillado con todo lo que su alma estaba percibiendo, con todo aquello que su corazón latía, y con todo aquello que sus ojos alcanzaban a ver.

—Estos dones —expresó el segundo, cuya melena y barba relucían como el cobre—, representan el coraje, la sabiduría y el amor que posees en tu corazón.

Ratón, emocionado y con los ojos llenos de tanta gratitud como lágrimas, recibió los regalos. De la mano de Melchor, un libro ancestral que contenía historias de esperanza; de las de Gaspar, una varita luminosa que resonaba con el poder de unir sentimientos de corazón, y de las mágicas manos de Baltasar, un pequeño objeto que representaba la conexión y la bondad pura del corazón de Ratón. Era un relicario con un pequeño espejo mágico que, cuando el ratoncillo mirara en él, no solo reflejaría su imagen, sino también sus momentos más bellos, sus acciones de bondad y amor que le recordarían la fuerza de su corazón y la luz de su alma.

—Querido Ratón —intervino Baltasar, cuyos sayos reflejaban el azul y plata de Qamar y su piel, el rubor de la luna nueva. Su rostro revelaba el secreto de la eterna juventud y su voz era cercana y suave, no sin una respetuosa profundidad—, no olvides jamás que la bondad que hay en ti multiplica el amor que das. —Y sonrió ante el profundo suspiro de emoción que exhaló Ratón.

Los tres sabios, antes de despedirse, dedicaron unas palabras a la luna que, plena de luz y de gozo, guardaba silencio en tanto sus rayos se fundían con la bruma. 

—Vuestra luz ilumina nuestros corazones, noble y amada Qamar —habló Melchor.
—Guardiana de bondad, amor y justicia, vuestra presencia en este Universo es un regalo incalculable —dijo Gaspar.

Baltasar, que llevaba sobre su pecho el medallón que simbolizaba su vínculo con la luna desde su nacimiento, ofreció una mirada serena y llena de gratitud y veneración hacia ella:

Tu magia es la guía que ilumina nuestros caminos en la noche de los tiempos —pronunció—. Tu luz me acogió la noche en que nací y eres guardiana de mis pasos desde entonces. Tu resplandor es mi faro incondicional, noble Qamar —concluyó, llevándose la mano abierta al pecho e inclinando ligeramente su cabeza.

Qamar respondió con un brillo especial y un susurro melodioso, envolviendo con sus tules azules a su bendecido:

—Deseé que mi luz fuera la primera que vieras. No para recordarme a mí, sino para no olvidar jamás la luz de los ojos de tu madre.

La conexión entre la luna y Baltasar, sellada por aquel símbolo compartido, resonó en un silencio lleno de significado. Después, los tres grandes sabios empezaron a desvanecerse en aquella penumbra estrellada, dejando un eco suave de sus palabras. Pero algo interrumpió su transfiguración.

A lo lejos se escuchó el eco de unos pasos sin huellas, el arrullo de un halo que era más celestial que terrestre. Envuelta con un aura de benignidad, se vislumbró una silueta que desafiaba lo mundano. Su vestimenta, un manto de los caminos, reflejaba la gratitud de las voces a su paso, y su presencia desprendía un aroma de entrega, bondad y compasión que se mecía con la brisa calma. Era Artaban, la encarnación viva de la gracia divina.

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Nunca se reunió con sus tres compañeros. El destino lo había mantenido, una y otra vez, alejado de ellos, sin embargo, lo acercaba más a la gloria del cielo. Pero esta noche, mágica y única, por fin llegaba. Su magia no residía en la alquimia, ni en conjuros o hechizos. sino en su clemencia, su altruismo y la eterna disposición de ofrecer una sonrisa y una mano a aquellos que las necesitaran. 

—¡Artaban! —exclamó Baltasar, acercándose para abrazarlo—. Hermano...
—Hermano... —respondió Artaban, coronado con la santa luz celestial —. Me alegro de verte... ¡Y a vosotros, mis viejos amigos!

Tras saludarlos, sus ojos se posaron en Qamar. Ratón miraba fascinado. Quién era aquel ser que tanta luz irradiaba, que traía consigo la divinidad y la paz que el firmamento mismo albergaba. Era la encarnación de la compasión, la guía que las almas necesitaban, la presencia que llenaba el vacío con la promesa de la eternidad.

—Noble guardiana de la noche, en cada uno de vuestros destellos he la compasión y la gracia de un Universo que halla en vos su más preciado tesoro. Os ruego aceptéis mi más profunda gratitud por la luz que derramáis sobre este mundo.
—Tus palabras resplandecen con la misma bondad que ilumina tu ser. Eres el alma misma de la compasión y la guía que se alza en los momentos más oscuros. Tus actos de amor te han coronado.
—Y de olvido, mi noble Qamar.
—Que no te nombren o no te recuerden, no significa que no existas en las almas y en los corazones. Tu destino estaba trazado a la diestra de la diestra, a la luz de la luz. Debe seguir así.
—Gracias por tus palabras —concluyó para dirigirse al ratoncillo—: Pequeño y valiente ser, veo en tus ojos la luz de la esperanza y la fuerza del amor. Tu historia es un ejemplo de coraje en tiempos difíciles. Que estos dones que has recibido hoy sean faros que guíen tus pasos siempre. En tu corazón y tus acciones reside la verdadera magia que transforma el mundo. Confía en la luz que habita en ti e iluminarás los caminos de muchos —sentenció antes de sacar de su pequeña bolsa, asida a la cintura, una hermosa piedra preciosa que entregó a Ratón, del mismo modo que lo había hecho a lo largo de su vida por los caminos para salvar vidas, lograr libertad y saldar deudas.

Ratón, con un tremendo nudo en la garganta, no supo pronunciar palabra. Artaban sonrió y acarició con la yema de su dedo, la cabeza del ratón. La luna, con su brillo plateado y expresión tranquila, se volvió hacia el pequeño ser.

—Cada instante de esta noche permanecerá en tu alma por toda la eternidad, mi querido Ratoner.
—Ha sido una noche inolvidable, una danza de luz, de amor, de paz que ha iluminado mi corazón y mi alma —Ratón, con los ojos aún brillantes por la emoción, asintió con reverencia.

Cuando el pequeño roedor miró a su alrededor, se dio cuenta de que estaban solos. Un rumor encendido emergió desde el bosque, recorriéndolo por completo. Cada ser vivo, cada roca, cada brizna de viento, cada instante de silencio se vio envuelto por aquella quietud, aquella magia. Y la luna y el ratoncillo se miraron y sonrieron al saber que compartían un secreto que solo ellos podían comprender. 

—Creo que es hora de regresar a casa, mi dulce Qamar, y seguir disfrutando de esta extraordinaria noche. Tenemos que repartir magia. Por cierto, tienes que contarme quién es Artaban, parece un tipo interesante.
—Esa es una larga, pero bellísima historia. Mas esta noche, tú serás el mejor rey mago.
—¿Sabes? Yo pensaba que el cuarto rey era Secayó.
—¿De dónde sacas eso?
—Melchor, Gaspar, Baltasar y se cayó... —rio el ratón. Qamar se llevó unos rayos a la cara y sonrío.

Imagen Pinterest

Este cuento tan largo, quiero aportarlo a los retos jueveros en una ocasión tan especial y de un modo excepcional, esperando que os dibuje una sonrisa, os dé una pizca de magia y un mucho de ilusión, para no olvidar dar vida al pequeño o pequeña que llevamos dentro, latiendo en nuestra alma, aleteando en nuestro corazón.

¡Feliz día de Reyes!

Con todo mi cariño para todos vosotros y, en especial, para el Ratón Azul del Universo Azul, Ratoner.


21 de diciembre de 2023

Mágica Navidad

Imagen freepik

En estos días envueltos en un halo de misterio y encanto, 
que la luz de la esperanza ilumine tus días 
y transformen cada momento en un cuento de magia. 
Que tu corazón se llene de alegría 
y tu alma se renueve con la promesa de nuevos inicios, 
como los capítulos de un libro de enigmas por desvelar. 

Que la ilusión te acompañe en cada paso 
y teja hilos de embrujo en tu realidad 
para hacer que la felicidad sea un reflejo de los sueños 
y tus días resplandezcan con la belleza de los anhelos cumplidos, 
como estrellas destellantes en un firmamento hecho de deseos y fantasías que se han transformado tal que crisálidas que se elevan convertidas en hermosas mariposas.

Que cada instante sea un fragmento de magia 
donde los sueños se cosan con la realidad y cada logro sea un hechizo hecho verdad para colorear tu vida
con el maravilloso milagro de lo imposible hecho posible.


Con todo mi cariño para ti, 
que te acercas hasta aquí con la inocencia de un niño 
y la ilusión latiéndote dentro como dos maracas en sus manos.
Para quienes no he llegado, aquí estoy.

17 de diciembre de 2023

Leoh y la inspiración de Turmal~Ina


Turmal~Ina, antigua guardiana del tiempo, observaba desde sus cielos los sueños de los mortales. Tejía hilos de paciencia y, a través del reloj etéreo de su mirada, insuflaba el saber humano de poder. Cada hilo representaba un instante; cada puntada, un suspiro de conocimiento. 

Un día, Leoh, un mortal tocado por la inspiración ancestral de Turmal~Ina, forjó a la luz de sus sueños, una pirámide de cristal cuyas magnitudes matemáticas revelaron proporciones armónicas de la paciencia. Cada cristal guardaba un mensaje: el tiempo, más que espera, es la belleza en cada segundo vivido y la realidad de los deseos desvelados.

(100 palabras)

Superposición imágenes IA



Turmalina negra
"Escribir Jugandoes un reto mensual de escritura creativa. Lo organiza la escritora Lidia Castro Navas desde su blog y consiste en microrrelatos o poesías con límite de 100 palabras inspirándonos en una carta propuesta y el dado o imagen que la acompaña. 


Reto opcional:  Que aparezca en la historia algo relacionado con la pirámide del Louvre.


10 de diciembre de 2023

El rincón musical

Al otro lado del río, donde el bosque es más húmedo y se tiñe de fantásticos tonos verdes, púrpuras y ocres, habitaba una pequeñita rana llamada Diana, que es prima de Juana con quien se ve de Pascuas a Ramos porque el río es muy ancho y lleva mucha corriente —eso le dice Juana, aunque la verdad es que le da miedo mojarse los cuatro pelos que tiene.

Todas las noches, a la luz de la luna, Diana, la rana, tocaba su banyo mágico, llenando el aire con notas brillantes y melodías que parecían sacadas de sueños. Los animales de ese lado del bosque re reunían a su alrededor, hipnotizados por la música que emanaba de su pequeña garganta. Otros, como su canto era tan potente al tiempo que dulce, podían escucharla desde más allá y el sonido que les llegaba era como un susurro de hojas que los encandilaba.

No seas tímido /  @dctattoo_swe

Un día, el monstruo del bosque se acercó sigilosamente para escuchar a la misteriosa rana. Quedó fascinado por las notas encantadoras. No pudo evitar seguirla en su canción, y su dokeo resonó armoniosamente. Diana, sorprendida por la compañía del ser, dejó de tocar por un momento, pero rápidamente retomó su melodía, animándolo a seguir. Su voz era potente, grave, de tenor consumado. Juntos eran como una gota de rocío en la mañana, como un rayo de sol en el medio día de un domingo de invierno.

Pronto, otros animales del bosque, dejando atrás el temor que les producía, se unieron a la sinfonía nocturna: un búho tocaba su flauta con sabiduría, una mariposa danzaba en el aire como si fuera una flautista, y una luciérnaga resplandecía con su luz en perfecta armonía, un grillo afinaba como podía y cien hormigas tocaban palmas a medio compás.

Rana tocando el banyo@vincent_van_robot

El bosque se llenó de magia y alegría, como si la música hubiera despertado algo extraordinario en cada ser. Y así, en la penumbra del bosque, la rana Diana siguió tocando su banyo, creando melodías de mil colores y canturreando sin parar, compartiendo la magia de su música con todos aquellos que tuvieran el corazón abierto para escucharla. Bruno siempre estaba ahí, dispuesto a acompañarla porque su corazón estaba lleno de bondad. Desde entonces, en las noches de luna llena, Diana, la rana, su banyo y su nuevo mejor amigo, Bruno, al que jamás volvieron a llamar monstruo, formaban un trío cuyos conciertos encantaban al bosque entero. 

Desde que Diana abriese su corazón al monstruo, el bosque ya no fue el mismo. Su gesto desveló a los habitantes la magia de aquel ser extraordinario. Bruno ya no volvió a sentirse solo y triste, pues el encanto de Diana y sus amigos lo colmó de alegría. Tampoco tuvo que volver a protegerse en las sombras de la noche, mientras los demás dormían, para disfrutar del bosque ni alejarse hasta recónditos lugares para poder percibir los rayos del sol y regocijarse en los vibrantes colores que se dibujaban bajo él. Los habitantes del bosque conocieron la bondad que reinaba en el corazón del monstruo y la calidez pura de su alma.

Cabe decir que hasta la prima Juana se atrevió a cruzar el río a lomos del oso Ambrosio que, de paso sea dicho, aprovechaba para ponerse fino de moras, pues había descubierto un campo de zarzamoras que daban aquellas frutas la mar de exquisitas.

25 de noviembre de 2023

Rijan y la escalera de Azur

En el bosque de Azur existe una escalera que refleja alba y ocaso. La leyenda dice: que quien ve su magia será recompensado con una visión increíble.

Tras una larga caminata, Rijan vio en ella un buen lugar para descansar. Despertó sobresaltada al sentir un cosquilleo en la palma de su mano. Un cardumen diminuto de pececillos danzaba en ella, emanando destellos que pintaban el aire. De repente, los peces empezaron a subir los brillantes peldaños. Rijan, atónita, los siguió. Arriba, sobre las aguas de un lago que reflejaban las estrellas de Acuario, las hadas pirueteaban entre mágicas zarzamoras.

(99 palabras)
 
Imagen Pinterest / IA


Acuario
"Escribir Jugandoes un reto mensual de escritura creativa. Lo organiza la escritora Lidia Castro Navas desde su blog y consiste en microrrelatos o poesías con límite de 100 palabras inspirándonos en una carta propuesta y el dado que la acompaña. 

En la creación debe aparecer algo relacionado con Acuario.

Reto opcional:  Que aparezca en la historia algo vinculado con la flor de la zarzamora o blackberry.




11 de noviembre de 2023

Pinceladas oscuras VIII

Cuenta la leyenda que cuando las nubes intentan evitar el plenilunio, allá, en medio del maizal, al amparo de los sonidos de la noche, se puede escuchar una voz solitaria y ronca murmurando «Yo espanto tus sueños». Al amanecer, las campanas tocan a muerto.
[12/10/22]

Imagen creada a través de Dream by Wombo / ©ɱağ

«Caín regresó del abismo del espacio». ¡Pero ya no era el mismo! Algo oscuro lo había poseído en su travesía por el vacío. Podía ver la locura en sus propios ojos reflejados en el vidrio de su casco, y ahora su sed de venganza no conocía límites...
[20/04/23]

Imagen digital creada por  ardesigning??

Se profanó la tumba del doliente, perpetua de sangre ella y falto de culpa él. Ahora, las sombras de la noche lo abrigan y en la conciencia de los hechores, descansa.
[18/05/23]

Imagen libre de derechos

 El faraón siembra su reino de terror amparado en las sombras ancestrales. Su poder emerge de la misma oscuridad, de la sangre derramada de culpables e inocentes y de su propia sed de venganza.
Solo un pensamiento, y el eco de su presencia se hará ante ti.
[01/06/23]


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Mis participaciones en el reto de Asilo Oscuro para escritores oscuros.
Sobre una frase dada, escribir un pequeño texto no superior a un tuit.



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